sábado, 1 de agosto de 2026

VENEZUELA: REVOLUCIÓN Y DEMOCRACIA.

 

VENEZUELA: DEL ESPECTÁCULO DE LA REVOLUCIÓN AL ESPEJISMO DE LA DEMOCRACIA.


POR : Alberto Barrera Tyszka.


Donald Trump conoce muy poco Venezuela. Sabe, según él mismo repite, que es un país con mucho petróleo y con varias Miss Universo. Lo demás no parece importarle ni interesarle demasiado. Sin embargo, él y Marcos Rubio podrían ser percibidos en este momento como los grandes normalizadores de la dictadura venezolana. Aquellos que vivieron la “extracción” de Nicolás Maduro y de Cilia Flores como una liberación, como el inicio del ansiado cambio político en el país, quizás ahora se sienten decepcionados o patrióticamente confundidos ¿Cuándo y cómo se deshizo el narcoestado? ¿En qué curva de esta historia se difuminó de pronto el Tren de Aragua? ¿Cómo es que los salvadores de la patria parecen ser ahora los nuevos socios de la tiranía?

Trump acaba de asegurar que Venezuela todavía no está preparada para realizar unas elecciones. Y lo dice justo cuando se cumplen dos años de una acción ciudadana tan inusitada como épica: una organización civil que involucró a cientos de miles de personas y que logró desenmascarar el fraude electoral del 28 de julio del 2024. Este movimiento, conocido como 600K, fue lo que realmente desnudó la verdad oficial y demostró que Edmundo González Urrutia había ganado la contienda electoral. A todos los venezolanos que votamos, a todos los que de manera voluntaria se quedaron vigilando en los centros electorales, a todos los que se comprometieron y se arriesgaron a fotografiar las actas y transmitirlas, a todos los que las digitalizaron y las enviaron a un espacio seguro… Donald Trump nos dice ahora que no sabemos nada, que no estamos listos, que todavía no.

Es un retrato perfecto de lo que ha pasado en estos meses, del país que vamos siendo: la famosa transición que promete el Gobierno de Estados Unidos se desarrolla sin la gente, sin la participación y sin la auditoría de la sociedad civil. Es un proceso donde se ha excluido al pueblo.

El 6 de diciembre de 1998, tras conocerse los resultados de las elecciones realizadas ese día, un victorioso Hugo Chávez Frías se subió a una tarima para dirigirse a una multitud que lo acompañaba en la ciudad de Caracas. “Por fin la revolución se hizo gobierno”, fueron sus primeras palabras. Esa apelación a uno de los mitos más manoseados del siglo XX latinoamericano fue el comienzo a un proyecto que —detrás de los discursos aguerridos y de las consignas grandilocuentes— se dedicó a saquear salvajemente al país. Ahora ya no hay dudas: la autodenominada Revolución Bolivariana y su tan promocionado “socialismo del siglo XXI” sólo fue una trágica borrachera en tiempos de bonanza petrolera. Mientras denunciaban al imperialismo norteamericano y alzaban la voz por los pobres de la tierra, se hacían millonarios, robándose todo lo que podían. Quebraron al país, destruyeron el Estado y las instituciones, se aliaron con el crimen organizado, militarizaron la sociedad y convirtieron la represión y la censura en su forma de hacer política.

La descomunal paliza electoral de 2024 fue una señal que el oficialismo no supo leer. Maduro y su círculo íntimo, donde estaban los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello, decidieron imponerse. Decretaron una victoria insostenible y desataron una persecución brutal sobre la población. Ni siquiera Lula, Petro o López Obrador salieron a defenderlos. Sin embargo, en la madrugada del 3 de enero, cuando los gringos se llevaron a Maduro y su esposa, nadie pareció asombrarse ni indignarse demasiado. De pronto, la revolución se evaporó. Como por arte de magia. Como un espectáculo que se derrumba. En un tris.

De un día para otro, aquellos que vociferaban en contra de los “yanquis de mierda”, aparecían en la televisión de lo más sonreídos, departiendo en inglés con los representantes de Estados Unidos y conversando tranquilamente sobre el futuro de la nación. La ideología, la soberanía, la izquierda o la derecha, parecían de pronto palabras de otro tiempo, difusas, descolgadas. El liderazgo oficialista comenzó entonces a hablar como si todo lo ocurrido sólo fuera un error menor, como si ellos también hubieran sido víctimas de las circunstancias. Ahora, bajo la tutela de los gringos, el país solo necesita olvidar el pasado y mirar hacia adelante con nuevos ojos. Bye bye, Chávez. Welcome, Míster Trump.

Llegué a Caracas unos días antes del 1 de mayo. En el centro de la ciudad, había una manifestación que buscaba presionar al gobierno para conseguir un aumento sustancial de salarios. Al ver que los policías y los soldados no los dejaban avanzar, los dirigentes sindicales anunciaron una nueva marcha para los próximos días, esta vez con destino a la embajada de Estados Unidos. La imagen emblematizaba nítidamente el fin del chavismo: ahora la clase obrera acude al imperialismo para lograr que el gobierno revolucionario pague sueldos justos. La imagen de Chávez, en la cumbre de Puerto España, regalándole a Obama Las venas abiertas de América Latina es un poster antiguo y ridículo. Un adorno pasado de moda.

El oficialismo ha saltado de un ferviente antiimperialismo a una casi jubilosa aceptación del tutelaje norteamericano. Trump dice lo que sea y los miembros del antiguo Alto Mando Político de la Revolución asienten dócilmente, de inmediato. Es probable que no les parezca difícil. Tienen el entrenamiento adecuado. Pasaron años al servicio de Chávez, un hombre con un liderazgo bastante similar al de Trump. Narcisistas y autoritarios. Improvisados y mediáticos. Quizás también para el presidente norteamericano, lo que más conviene a sus intereses es, precisamente, mantener la estructura de poder tal cual está. Ya tiene una obediencia garantizada. No hace más que repetir que Delcy es fantástica y que su gobierno está sacando mucho petróleo del país. Por ahora, lo único claro que hay entre ambos es la opacidad.

El Gobierno de Estados Unidos y el Gabinete de Nicolás Maduro son quienes deciden y llevan adelante este proceso que, por donde quiera que se vea, requiere de muchísima más transparencia. No existe, por ejemplo, ninguna información precisa sobre la exportación petrolera y la manera en que, supuestamente, han regresado y se distribuyen los recursos en el país. Otro ejemplo: gran parte del sistema represivo continúa intacto y todavía permanecen detenidos 368 presos políticos. Por no hablar de la manera en que, con una particular complicidad, la dictadura y el Gobierno norteamericano han decretado que quien represente a la oposición sea una parlamentaria elegida en 2015, desconociendo nuevamente la voluntad popular que se expresó en las elecciones del 2024. Que María Corina Machado necesite del permiso de Donald Trump y/o de Delcy Rodríguez para poder estar en el país es otra muestra de que esto que —por facilidad— llamamos la transición es un camino turbio y raro, que nadie sabe muy bien a dónde nos conduce.

Los venezolanos somos expertos en los protocolos y en las maniobras de esta exrevolución. El chavismo siempre ha sabido usar muy bien el tiempo como arma política. Mientras no existan señales más claras y contundentes, mientras la sociedad civil no participe de manera protagónica en este proceso, será muy difícil creer que realmente hay un cambio en Venezuela. La democracia, mientras tanto, sólo es un espejismo (El País)


Alberto Barrera Tyszka es escritor venezolano Su última novela es El fin de la tristeza (Rand

om House).


miércoles, 15 de julio de 2026

VENEZUELA POST 24 J : ESCENARIOS Y EXPECTATIVAS.

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Venezuela post 24J: escenarios y expectativas

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El devastador doblete sísmico del pasado 24 de junio ha cambiado de raíz el tablero nacional. Más allá de la conmoción y el drama humano, este evento telúrico actúa como un catalizador en la dinámica de poder. La realidad impone hoy una profunda reconfiguración del mapa de actores y de las prioridades institucionales.

La crisis humanitaria derivada de los sismos, obliga a un viraje estratégico inmediato. La viabilidad del país ya no depende de la vieja retórica, sino de una arquitectura política adaptada a la emergencia. Analizar los escenarios post-terremoto nos permite vislumbrar los caminos hacia una reconstrucción estructural y social.

Escenario de gobernabilidad y despolarización obligada

El primer escenario técnico apunta a una tregua pragmática inducida por la gravedad de la destrucción. El aprendizaje que deja este doblete sísmico es la urgencia de despolarizar la atención de las necesidades públicas. Los actores políticos se ven forzados a cooperar para canalizar la ayuda internacional y evitar un colapso mayor.

Este ecosistema de cohabitación institucional exige de la dirigencia una madurez inédita frente al trauma colectivo. La infraestructura devastada no entiende de disputas ideológicas ni de agendas partidistas particulares. El flujo de recursos externos dependerá estrictamente de la transparencia y de la madurez de estos acuerdos mínimos.

Escenario de centralización y profundización del control

En la acera opuesta, asoma el riesgo latente de una respuesta basada en la recentralización autoritaria. El uso del estado de emergencia podría instrumentalizarse para restringir espacios democráticos y militarizar la asistencia. Este enfoque de control social buscaría administrar el descontento popular mediante el monopolio de la entrega de insumos.

Semejante diseño estratégico erosionaría aún más la frágil confianza ciudadana en las instituciones públicas. La exclusión de sectores civiles en la planificación de la reconstrucción profundizaría la parálisis económica actual. Limitar la contraloría social en un contexto de vulnerabilidad extrema ahuyentará los capitales de asistencia multilateral.

Las ONG como articuladoras del tejido social

Ante la debilidad estructural del Estado, las organizaciones no gubernamentales emergen como el verdadero soporte logístico. Las ONG en Venezuela poseen la capilaridad necesaria para llegar de forma efectiva a las zonas más afectadas. Su legitimidad internacional les permite ser canales confiables para la recepción y distribución de ayuda humanitaria.

Las redes de la sociedad civil organizada sostienen los hilos de un tejido social profundamente fracturado por la tragedia.

El rol de los centros sociales y comunitarios trasciende hoy la asistencia básica e inmediata. Estas plataformas se convierten en los nuevos espacios de gobernanza local y en garantes de los derechos humanos. Su consolidación operativa es indispensable para auditar que la reconstrucción responda a necesidades reales y no a favores políticos.

El manejo de expectativas y la narrativa del futuro

Uno de los mayores desafíos en la Venezuela post-sismos reside en la gestión del plano emocional colectivo. La reconstrucción del país será un proceso complejo, de largo aliento y con severas restricciones financieras. Evitar falsas promesas de recuperación inmediata es vital para frenar la frustración y la desesperanza ciudadanas.

Gobernar las expectativas implica sustituir la vieja demagogia por una pedagogía social transparente y responsable. Explicar los tiempos técnicos y las fases de la reconstrucción genera certidumbre en una población agobiada. El liderazgo del mañana se medirá por su capacidad de comunicar con honestidad los límites de la realidad.

Hacia una política de viabilidad y compromiso ciudadano

La reconstrucción nacional post-terremotos no puede limitarse a levantar bloques y restaurar redes eléctricas dañadas. El verdadero reto institucional consiste en edificar un nuevo consenso político sólido, inclusivo y plenamente democrático. La participación organizada del deseo de cambio nacional debe canalizarse a través de propuestas técnicas viables. Hacer que el compromiso ciudadano sea el próximo gran viral requiere de nuevas plataformas de encuentro. La reconstrucción de la infraestructura física debe caminar en paralelo con el reencuentro de la sociedad civil. Solo un esfuerzo colectivo, despolarizado y transparente podrá transformar esta inmensa tragedia en la refundación definitiva de la República. Y ésta, es una tarea absolutamente impostergable

La revista SIC, es una publicación de la Fundación Centro Gumilla, Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) de la Compañía de Jesús en Venezuela.

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sábado, 11 de julio de 2026

EL CHAVOTRUMPISMO : EL PACTO PERVERSO.







 

El Chavotrumpismo: El pacto perverso y el espejismo de la transición en Venezuela

11 de julio de 2026

Una alianza sin precedentes entre el "tercer chavismo" y la administración estadounidense de Donald Trump se consolida bajo la sombra de los intereses geopolíticos y energéticos de Washington. Este acuerdo fáctico se alimenta de la obediencia de quienes, en Caracas, pretenden perpetuarse en el poder a cualquier costo. Como bien precisa el psicólogo y analista José Domingo Sosa:

"La perversión no se define aquí como una desviación moral, sino como un pacto en el que las reglas del juego y la ley común (la justicia, los juicios formales, el debido proceso) se suspenden en favor de un goce compartido. La supervivencia y el control del objeto, que, en este caso, es el país con sus recursos". (Sosa, J.D. La Psicopatología del Poder. Julio, 2026).

Este pacto responde a una descarnada reconfiguración del orden mundial, expresada en la pugna entre las tres grandes potencias: Estados Unidos, China y Rusia. En este reordenamiento, los imperios buscan delimitar sus áreas de influencia vital sin importar el perfil ideológico de los países satélites. Para la Casa Blanca, este pragmatismo quedó consagrado en su Nueva Estrategia de Seguridad Nacional (diciembre de 2025) bajo el estandarte de "América Primero": una región libre de la presencia económica y militar de Pekín, Moscú e Teherán. Bajo esta lógica, no importa si un régimen es democrático o dictatorial; lo fundamental es que responda a los objetivos geoestratégicos de Washington.

En este tablero, Venezuela es una pieza codiciada por su posición geográfica, su control sobre el Caribe y Sudamérica, y sus inmensas riquezas: las mayores reservas de crudo del planeta, coltán y yacimientos de tierras raras. Tras el fracaso de las negociaciones secretas para que el gobierno de Nicolás Maduro rompiera amarras con el eje transcontinental (Rusia, China, Irán, Cuba, Hamás y Hezbolá), la respuesta de EE. UU. fue contundente: la extracción de Maduro de territorio venezolano para enfrentar la justicia norteamericana.

El Triunvirato y la Doctrina "Donroe"

La salida de Maduro no trajo la liberación, sino un nuevo escenario de subordinación externa. Estados Unidos impuso un gobierno interino regido por un triunvirato: Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello. Con este movimiento, el sistema de dominación represivo y el prontuario de una organización criminal —responsable del saqueo del país, crímenes de lesa humanidad y el empobrecimiento del 80% de la población— quedaron intactos.

Para cumplir sus metas energéticas, el Departamento de Estado sostiene a este grupo sin apoyo popular bajo el pretexto de que "solo ellos garantizan la estabilidad". Diseñaron una hoja de ruta teórica en tres fases: estabilización, recuperación y transición. Sin embargo, a seis meses de la extracción, la realidad es diametralmente opuesta.

La crisis económica y social se profundiza. Los servicios públicos colapsan, la inflación sigue siendo la más alta del mundo y los salarios nominales son los más bajos del continente. Las prometidas inversiones estadounidenses jamás llegaron. La supuesta fase de "estabilidad" no ha sido más que una mutación política: un disfraz de apertura económica que atornilla al régimen autoritario en una nueva etapa que podemos denominar chavotrumpismo. El dominio de Washington pasó del tutelaje político a un colonialismo extractivista descarnado, donde se impide activamente que las fuerzas de oposición asuman una verdadera conducción democrática. El entusiasmo inicial del ciudadano de a pie se ha transformado en una profunda decepción y escepticismo.

La tragedia del 24 de junio: El Estado desmantelado

La absoluta vulnerabilidad de esta estructura neocolonial quedó al descubierto tras los dos devastadores terremotos del pasado 24 de junio. La tragedia, que cobró decenas de miles de víctimas, demostró cómo las décadas de gestión chavista desmantelaron la capacidad de respuesta del Estado.

La catástrofe humana no fue un accidente de la naturaleza, sino el resultado directo de la ausencia de planes preventivos, la proliferación de construcciones ilegales de pésima calidad y la pírrica preparación de una Protección Civil abandonada. Para agravar la situación, los cuerpos de (in)seguridad estatal brillaron por su ausencia durante las primeras 72 horas críticas. Hoy, de forma cínica, el chavotrumpismo utiliza la reconstrucción nacional como la excusa perfecta para postergar indefinidamente la transición política, pretendiendo levantar el país de la mano de los mismos actores que lo destruyeron.

El colapso constitucional y el llamado a la rectificación

Finalmente, es imperativo señalar que el pasado 3 de julio culminó el plazo constitucional de 180 días fijado para el gobierno interino. Al quedar plenamente demostrada la falta absoluta del Ejecutivo, el régimen actual no solo es ilegítimo, sino que usurpa abiertamente el poder. En este escenario de complicidades, la Asamblea Nacional, al omitir su competencia de declarar formalmente dicha vacancia, se convierte en otra institución usurpadora y legitimadora del quiebre inconstitucional.

En síntesis, edificar una democracia que garantice una vida digna en Venezuela es hoy una tarea de extrema complejidad. Solo un gran movimiento social y político de base, capaz de fracturar este andamiaje colonial, podrá hacer entender a la Casa Blanca su monumental error de cálculo.

Pretender y declarar ante la opinión pública internacional que los venezolanos están "contentos y bailando en las calles" disfrutando de una supuesta riqueza es una falsedad, una patraña y una burla inmoral para una sociedad que ha padecido 27 años de dictadura.

Rectifique, señor Trump.

A seis meses del coloniaje.

sábado, 4 de julio de 2026

RETOMAR LA CONSTITUCIÓN PARA RECONSTRUIR EL PAÍS.

 



Retomar la Constitución: el primer acto de reconstrucción nacional


Comunicado | (Caracas 02 de julio 2026) La tragedia más reciente que nos embarga ha dejado pérdidas humanas, comunidades golpeadas y una profunda demanda de respuesta, protección y dignidad. Pero también ha puesto de manifiesto la fuerza cívica del pueblo venezolano: su capacidad de organizarse, auxiliar, acompañar, rescatar, cuidar y sostener la vida incluso en medio de la adversidad.


La nueva emergencia humanitaria exige asistencia inmediata, atención médica adecuada, protección de las personas damnificadas, transparencia en la gestión de la ayuda, garantías de no discriminación y rendición de cuentas. Pero todo ello solo será creíble y posible con instituciones legítimas, autoridades sometidas al control ciudadano y un proceso de transición que coloque a las personas, sus derechos y su dignidad en el centro de toda decisión pública.


El día de hoy, 2 de julio de 2026, recordamos que la Constitución nacional es la norma suprema y fundamento del ordenamiento jurídico; todas las personas y órganos del poder público están sujetos a ella. Ninguna fórmula política puede estar por encima de la Constitución.


Ante el vencimiento del plazo constitucional previsto en el artículo 234 para el ejercicio de un gobierno interino o provisional, resulta impostergable que las instituciones competentes procedan conforme al mandato establecido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, declarando la falta absoluta de la Presidencia de la República y adoptando las medidas necesarias para restituir plenamente el hilo constitucional mediante la convocatoria a elecciones libres, auténticas, competitivas, transparentes y verificables.


La omisión de la Asamblea Nacional en garantizar el cumplimiento estricto de la Constitución según sus propias competencias, es un ejemplo de la urgente necesidad de reconstruir la institucionalidad para promover una reconstrucción material eficiente del país. 


Cualquier transición democrática pactada debe fundarse en el respeto estricto a la norma constitucional, en la separación de poderes, en la garantía de los derechos civiles y políticos y en la participación plena, libre e informada de la ciudadanía. La prolongación indefinida de situaciones excepcionales, sin base constitucional suficiente, debilita la institucionalidad, profundiza la incertidumbre y priva a la sociedad venezolana de su derecho a decidir democráticamente su futuro. No son legítimos los acuerdos que sustituyan la voluntad popular y la Constitución venezolana.


Venezuela demuestra hoy que cuenta con una sociedad viva, solidaria y capaz de protagonizar su propia reconstrucción. La tragedia ha mostrado que los venezolanos y venezolanas no son espectadores de su destino, sino protagonistas de la solidaridad, de la organización comunitaria y de la reconstrucción posible. Por ello, esa reconstrucción debe comenzar por la recuperación de la Constitución como marco común de convivencia, justicia, legalidad y esperanza democrática. La reconstrucción material del país necesita también reconstrucción institucional. Las viviendas, las escuelas, los hospitales, los servicios públicos y la ayuda humanitaria requerirán decisiones que inspiren confianza, seguridad jurídica y legitimidad.


Volver a la norma, recuperar la soberanía, abrir el camino a un calendario electoral y celebrar elecciones que permitan una transición sin más postergaciones, legítima, pacífica, incluyente y basada en derechos humanos constituye también una condición para una reconstrucción duradera del país. Hacemos un llamado a las autoridades nacionales, a los actores políticos, a la sociedad civil, a la comunidad internacional y a los organismos de protección de derechos humanos a acompañar y exigir la restitución del hilo constitucional, la declaración formal de la falta absoluta de la Presidencia de la República y la convocatoria urgente a elecciones conforme a los estándares democráticos internacionales.


Laboratorio de Paz

viernes, 3 de julio de 2026

VENEZUELA: DICTADURA CON COLONIAJE.


 



VENEZUELA: DICTADURA CON COLONIAJE

Hoy, 3 de julio, culmina el interinato de la señora Delcy Rodríguez como encargada de la Presidencia de la República. Al no estar contemplado en la agenda de la Asamblea Nacional declarar la falta absoluta de Nicolás Maduro, pasamos entonces a ser administrados (y dominados) por un régimen de facto: una dictadura en lo doméstico con un dominio neocolonial de una potencia extranjera, EE. UU. Es una situación muy singular y dolorosa la que nos ha tocado vivir. Por un lado, un régimen político ilegítimo y dictatorial; por el otro, un coloniaje cuyos únicos objetivos son, para unos, mantenerse en el poder y, para los otros, saquear los recursos energéticos y minerales. Todo ello ocurre en medio de una terrible tragedia en la que miles de hermanos han fallecido como consecuencia de dos terremotos devastadores.

Ante esta situación, no se vislumbra ningún cambio político ni económico que conlleve la mejoría y dignificación de la vida de los venezolanos de manera significativa. Todo lo contrario, estamos asistiendo a otro momento oscuro de nuestra historia, donde las cúpulas políticas y económicas dominantes, en perfecta articulación con el imperialismo norteamericano, mantienen y reproducen un modelo económico extractivista. Este modelo en nada favorece al pueblo humilde y pobre de Venezuela (el cual constituye más del 70 %), sino que esas riquezas se dirigen a engordar la acumulación de capital de las grandes transnacionales impulsadas por el señor Donald Trump, quien de manera descarada y burlona expresa que los venezolanos estamos en las calles bailando de alegría por la gestión de su cipaya administradora y de su dominio imperial.

El señor Trump nunca tuvo como objetivo liberarnos del régimen chavista; su meta es y sigue siendo alinear a Venezuela en su política geoestratégica, en el contexto de un nuevo reordenamiento de los poderes mundiales, y apoderarse de los recursos minerales y estratégicos del país.

Hoy, EE. UU. aplica su poder imperial bajo un modelo neocolonial extractivista y expoliador, amparado en la política entreguista y apátrida de la cúpula gobernante y de la dirigencia opositora, pues ambos factores políticos luchan encarnizadamente para convencer a Donald Trump de quién es más entreguista que el otro.

Toda esta política imperial y la posición cipaya del régimen y de la oposición se profundizan a propósito de la terrible tragedia que estamos viviendo. Esa será la excusa perfecta para arreciar la dominación del imperio y del régimen fáctico sobre la vida de cada venezolano. Todo ello hace indicar que los pobres de Venezuela seguirán siendo pobres, como lo han sido desde hace 530 años; es decir, aún nos siguen cambiando espejitos y baratijas por oro mientras la pobreza se mantiene y se reproduce por generaciones.

Esa es, desgraciadamente, la realidad que hoy vivimos los venezolanos.


     FREDDY PEREZ.