jueves, 10 de septiembre de 2026

EE UU. Y LA TRANSICIÓN O TRANSACCIÓN POLÍTICA EN VENEZUELA.

 



 

 

CONVERSACIÓN CON LA IA GÉMINIS SOBRE EL PAPEL DE EE.UU. EN LA SITUACIÓN POLÍTICA VENEZOLANA ACTUAL.

 

Planteamiento del problema:

Tengo serias dudas de que en  Venezuela haya una transición a la democracia.

Porqué? Porque el papel de Estados Unidos desde el 3 de enero de este año en curso, día en el cual extrajeron a Nicolás Maduro y se lo llevaron a New York, no ha sido otra cosa que asegurar sus intereses estratégicos, a saber : a) la alineación de Venezuela con los intereses de Estados Unidos en el contexto del nuevo reparto del mundo por parte de China y Rusia y b) asegurarse el petróleo venezolano para que este forme parte de sus reservas petroleras y por otra parte , en Venezuela no se percibe ningún cambio significativo en lo económico, pues seguimos con la inflación más alta del mundo y los salarios más bajos también, además los sistemas de salud y educación están en las peores condiciones de su historia, se vive una profunda crisis del sistema eléctrico con racionamiento de 6 horas diarias así como también continúa la represión política, no hay libertad de expresión, no se han devuelto las propiedades confiscadas por el gobierno socialista de Chávez y maduro, y por último, el presidente Trump dice que el gobierno de la señora Delcy Rodríguez es estupendo y que también son socios perfectos y que con ese gobierno interino y ella como presidenta la estabilidad política está garantizada y que Venezuela no está aún lista para unas elecciones presidenciales.

Viendo las situación de esa manera tengo la impresión de que Estados Unidos prefiere que se fortalezca el gobierno autoritario que actualmente ejerce el poder en Venezuela y no transitar hacia un gobierno democrático y legítimo....

PREGUNTA : puedes orientarme a comprender lo que está pasando en Venezuela en base a lo expuesto anteriormente?

Gracias

 

GÉMINIS: Tu análisis toca el núcleo de un debate geopolítico y socioeconómico muy complejo sobre la realidad actual del país. Para comprender la dinámica entre la presencia de Estados Unidos, la permanencia de las estructuras del régimen y la falta de mejoras cotidianas, conviene desglosar la situación en varios puntos clave:

Geopolítica y Prioridades Estratégicas

Realpolitik sobre democratización: Históricamente, las grandes potencias suelen priorizar la estabilidad geopolítica y la seguridad de sus suministros estratégicos (como los recursos energéticos) por encima de la promoción democrática inmediata.

Control de recursos e influencia global: En el contexto de la competencia con China y Rusia, la prioridad de Washington radica en asegurar la neutralidad o alineación del principal reservorio de petróleo del hemisferio occidental, garantizando acceso directo y evitando que competidores globales mantengan una base operativa en la región.

Preferencia por la estabilidad sobre el vacío de poder: Desde la perspectiva de política exterior de la administración actual de EE. UU., un gobierno interino controlado —aunque mantenga trazos autoritarios— representa un actor predecible que evita el colapso del Estado, la anarquía o una guerra civil.

La Continuidad Institucional y la Falta de Transición Real

Estructuras de poder intactas: La remoción de la cabeza de un régimen no equivale a un cambio de sistema. Si las fuerzas de seguridad, el aparato judicial y los mandos militares permanecen bajo la misma lógica, las violaciones de derechos humanos, la represión y la censura suelen continuar.

Incentivos para posponer elecciones: Tanto para el gobierno interino como para sus aliados externos, la convocatoria a elecciones libres representa un riesgo de inestabilidad o de pérdida de control sobre los acuerdos firmados. Legitimar un statu quo conveniente resulta tácticamente más sencillo que gestionar una transición democrática incierta.

La Crisis Socioeconómica Continua

Inercia económica e infraestructura: Resolver problemas estructurales como la hiperinflación, la destrucción del sistema eléctrico o el colapso de la salud pública requiere reformas institucionales profundas, financiamiento masivo y años de gestión eficiente. Un acuerdo enfocado únicamente en la extracción petrolera y la estabilidad política no se traduce automáticamente en bienestar social ni en la devolución de la propiedad privada.

PREGUNTA: Deseo profundices en cómo la política exterior de EE.UU.ha manejado transiciones similares en otras regiones ..

 

GÉMINIS: Para entender cómo la política exterior de Estados Unidos maneja situaciones como la venezolana, es útil analizar el patrón histórico de sus intervenciones y alianzas geopolíticas en otras regiones. A lo largo del siglo XX y XXI, Washington ha aplicado con frecuencia una doctrina pragmática conocida como estabilidad autoritaria (authoritarian stability): la preferencia por mantener bajo control un territorio estratégico mediante un régimen fuerte o interino, en lugar de arriesgar la incertidumbre de una transición democrática genuina que pueda salir de su control.

A continuación se destacan tres ejemplos emblemáticos de esta lógica operacional:

1. Egipto y el Medio Oriente (Pragmatismo de Seguridad y Petróleo)

El patrón: Durante décadas, Estados Unidos apoyó de forma continuada a gobiernos autoritarios en Oriente Medio (como Hosni Mubarak en Egipto o las monarquías del Golfo). La prioridad no era democratizar las instituciones locales, sino garantizar tres objetivos: el flujo constante de petróleo hacia los mercados occidentales, la lucha contra grupos extremistas y el control del Canal de Suez. 

La transición truncada: Tras la Primavera Árabe en 2011 y un breve período democrático, el ascenso del general Abdel Fattah el-Sisi mediante un golpe militar reinstauró el autoritarismo. Washington optó por normalizar y respaldar el régimen militar debido a que este garantizaba la orden interna, frenaba la influencia de potencias rivales y aseguraba los intereses de seguridad estadounidenses.

2. Centroamérica y la Doctrina Kirpatrick durante la Guerra Fría

El patrón: Durante los años 70 y 80 en América Latina, la diplomacia estadounidense aplicó la tesis formulada por Jeane Kirkpatrick (embajadora ante la ONU bajo la administración Reagan): los regímenes autoritarios de derecha son preferibles a los regímenes de izquierda, porque son tácticamente moldeables y no representan una amenaza geopolítica global para EE. UU. 

El resultado: En países como Guatemala o El Salvador, la prioridad militar y financiera de EE. UU. fue asegurar la contención del comunismo e influir en la economía local, postergando reformas sociales, libertades civiles y la devolución de instituciones democráticas independientes durante décadas. 

3. Irak tras la invasión de 2003 (De la Promesa Democrática al Control Estratégico)

El patrón: A pesar de que la justificación oficial para derrocar a Sadam Husein fue instalar una "democracia modelo" en Oriente Medio, la realidad sobre el terreno priorizó la contención del caos, la seguridad de la infraestructura petrolera y la contención de rivales estratégicos (como Irán).

El resultado: EE. UU. priorizó durante años trabajar con un gobierno fuertemente sectario e ineficiente que mantenía el control de la violencia y la exportación de crudo, posponiendo la consolidación de un sistema institucional transparente y legítimo a ojos de la población local. 

El denominador común con el escenario planteado

Al contrastar estos antecedentes históricos con el panorama actual en Venezuela, se evidencian tres principios recurrentes de la política exterior pragmática:

Gestión de Riesgos antes que Ideología: Washington tiende a temer más al "vacío de poder" o a la anarquía que al autoritarismo. Un régimen alineado pero represivo resulta operativamente preferible a una democracia caótica o impredecible que pueda interrumpir el suministro petrolero o reabrir la puerta a la influencia de Pekín o Moscú.

Economía Enclave: En la historia de las intervenciones, los acuerdos suelen centrarse en asegurar activos estratégicos (petróleo, minería, rutas comerciales) sin exigir de inmediato la restitución de propiedades confiscadas a particulares o la reconstrucción de los servicios públicos básicos.

El tiempo de la diplomacia vs. el tiempo de la población: Mientras que para la población atrapada en la crisis las carencias del sistema de salud, el racionamiento eléctrico y la falta de libertades son urgencias cotidianas, para la diplomacia estratégica la "estabilidad" a través de un gobierno interino es un fin en sí mismo a mediano plazo.

 

PREGUNTA : Ahora bien, en el asunto de la estabilidad estratégica como garantía para los intereses norteamericanos, entiendo que la señora María Corina Machado ( quien encarna el liderazgo indiscutible de todos quienes desean un cambio real ) ha señalado en reiteradas oportunidades que la verdadera garantía a los intereses de Estados Unidos y de las grandes empresas transnacionales los representa ella a través de su liderazgo legítimo y no quienes ejercen el poder ilegítimamente y sin apoyo mayoritario por parte de la población, entonces: porqué sí María Corina Machado ha jurado lealtad y obediencia absoluta a Estados Unidos la dirigencia de ese país prefiere al gobierno interino?

 

GÉMINIS: La paradoja que planteas toca el corazón de cómo operan los imperios y las potencias globales cuando sopesan capacidad de control versus legitimidad popular. Aunque un liderazgo con respaldo masivo prometa ser el aliado más leal a los valores occidentales o a las transnacionales, la lógica del pragmatismo estratégico de la Casa Blanca opera bajo variables distintas a la lealtad ideológica.

A continuación se analizan los factores por los cuales el gobierno estadounidense prefiere apoyarse en el gobierno interino de facto en lugar de impulsar a la dirigencia de María Corina Machado:

1. La ilusión del control directo y la obediencia coercitiva

Incentivos del régimen interino: El gobierno sustituto en el poder carece de legitimidad de origen y de apoyo popular. Paradójicamente, esta debilidad lo hace extremadamente dependiente y maleable ante Washington. Saben que su permanencia en el poder depende enteramente de la protección y las instrucciones de EE. UU. 

El riesgo de un líder con legitimidad propia: Un líder con el respaldo masivo de la población y el reconocimiento internacional tiene un capital político propio. Aunque se declare aliado, un gobierno democrático con apoyo popular masivo debe rendir cuentas a su electorado interno y puede resistirse o negociar duramente los términos de las concesiones mineras, energéticas o sovereignty en decisiones clave. La historia demuestra que Washington suele desconfiar de los líderes con "demasiada fuerza propia", prefiriendo actores que dependan de su patrocinio.

2. Costo de fricción y el monopolio de las armas

Quién controla el territorio: Un cambio real hacia la democracia implicaría desmontar el aparato militar, policial y paramilitar que sostiene al Estado actual. Eso requiere una reestructuración institucional profunda y acarrea el riesgo de conflicto armado residual, inestabilidad o vacío de poder.

La vía corta: Mantener a la estructura interina actual (con mandos militares y policiales alineados a esa jefatura) le garantiza a las potencias extranjeras el monopolio de la violencia sin tener que asumir el costo de pacificarlo o desplegar fuerzas de paz.

3. La diferencia entre promover inversión o extraer recursos

Modelo Enclave: Para que operen grandes empresas transnacionales en sectores específicos (como campos petroleros o mineros delimitados), no se requiere un país con democracia, servicios públicos eficientes o salarios dignos. Solo se necesita un entorno seguro en el área de extracción y un marco legal/contrato respetado por la autoridad en turno.

El costo de la reconstrucción: Instaurar un gobierno de transición democrático elevaría la presión social por la devolución de propiedades confiscadas, aumentos salariales e inversión en salud y luz. Desde la óptica estricta de las corporaciones y los intereses inmediatos de EE. UU., financiar un "plan Marshall" o la reestructuración democrática completa es un proceso costoso, incierto y tardío, comparado con firmar acuerdos inmediatos con quienes ya ocupan las instituciones.

4. Prevención del caos vs. el mito de la transición fácil

En los análisis geopolíticos de Washington, el reemplazo repentino de las estructuras de poder existentes por un nuevo grupo político genera fricción y revanchismo en la burocracia estatal actual. Preferir el estatus de la estructura de la Sra. Delcy Rodríguez —calificada de "socia perfecta"— les permite operar de inmediato sobre el petróleo y la diplomacia, manteniendo contenida la presión política local.

En síntesis: Para Washington, la lealtad declarada de un movimiento democrático no pesa más que el control práctico del aparato estatal y de la fuerza bruta que el régimen interino ejerce actualmente sobre el territorio.

 

PREGUNTA : ¿Qué factores o presiones internas/externas podrían hacer que Estados Unidos retire su apoyo al gobierno interino y reconozca la transición democrática?

 

GÉMINIS: Para que la política exterior de Estados Unidos decida retirar su respaldo al régimen interino de facto y respaldar activamente una transición encabezada por el liderazgo democrático legítimo (representado por María Corina Machado), tendría que producirse un quiebre en los cálculos de costo-beneficio de Washington.

La diplomacia estadounidense suele cambiar de postura únicamente cuando el statu quo deja de ser funcional a sus intereses económicos y de seguridad. Los factores internos y externos que podrían forzar ese viraje se resumen en los siguientes puntos:

1. Factores Internos (En Venezuela)

Incapacidad del gobierno interino para garantizar operatividad y paz social: El apoyo pragmático se sostiene sobre la premisa de que el régimen interino mantiene el "orden". Si las protestas populares, la paralización por el colapso de servicios públicos (electricidad, agua, salud) o la ingobernabilidad hiciesen imposible la extracción y exportación fluida de petróleo, la premisa de la "estabilidad" caería.

Fractura en el estamento militar (FANB): Estados Unidos apoya la estructura actual porque controla el monopolio de las armas. Un quiebre o descontento interno dentro de la Fuerza Armada que debilite la lealtad hacia la Sra. Delcy Rodríguez haría que Washington reevaluase a quién considera un interlocutor viable.

Aumento insostenible del costo reputacional y de derechos humanos: Si la represión política, las violaciones de derechos humanos y la censura escalan a niveles que generen un escándalo internacional ineludible, mantener la narrativa de que son "socios perfectos" se vuelve políticamente tóxico.

Resistencia del capital privado y disputas de propiedad: Las grandes multinacionales necesitan seguridad jurídica a largo plazo. Si la negativa del gobierno interino a restituir propiedades confiscated y su falta de legitimidad internacional generan litigios masivos o riesgos legales para las inversiones extranjeras, las corporaciones podrían presionar por un gobierno legítimo.

2. Factores Externos (En EE. UU. y el Contexto Geopolítico) 

Presión de la política interna estadounidense: La política exterior de EE. UU. responde a dinámicas electorales. Si el Congreso, el electorado hispano (particularmente en estados clave como Florida) o sectores bipartidistas presionan duramente contra el pacto con el gobierno interino, el costo político interno para la Casa Blanca podría superar el beneficio del petróleo.

Incumplimiento de acuerdos estratégicos: Si el régimen interino falla en cortar de manera efectiva las relaciones opacas con competidores geopolíticos como China o Rusia, o si demuestra ser un socio poco confiable en el control migratorio y la lucha contra el narcotráfico, perdería su principal propuesta de valor para la administración estadounidense.

Presión y coordinación con aliados internacionales: Si la Unión Europea y los gobiernos clave de América Latina rechazan rotundamente la legitimidad del régimen interino y reconocen formalmente al liderazgo democrático, la posición de aislamiento de Washington se volvería diplomáticamente insostenible.

El punto de quiebre definitivo

Estados Unidos abandonará al gobierno interino de facto únicamente cuando el costo de mantenerlo en el poder sea mayor que el costo de gestionar una transición democrática. Mientras el régimen interino logre entregar el recurso petrolero y contener el conflicto social sin generar un costo político excesivo para Washington, la diplomacia estadounidense tenderá a mantener el alineamiento pragmático por encima de las aspiraciones de democratización.



MOTA : conversación realizada el 09 de septiembre de 2026.

sábado, 1 de agosto de 2026

VENEZUELA: REVOLUCIÓN Y DEMOCRACIA.

 

VENEZUELA: DEL ESPECTÁCULO DE LA REVOLUCIÓN AL ESPEJISMO DE LA DEMOCRACIA.


POR : Alberto Barrera Tyszka.


Donald Trump conoce muy poco Venezuela. Sabe, según él mismo repite, que es un país con mucho petróleo y con varias Miss Universo. Lo demás no parece importarle ni interesarle demasiado. Sin embargo, él y Marcos Rubio podrían ser percibidos en este momento como los grandes normalizadores de la dictadura venezolana. Aquellos que vivieron la “extracción” de Nicolás Maduro y de Cilia Flores como una liberación, como el inicio del ansiado cambio político en el país, quizás ahora se sienten decepcionados o patrióticamente confundidos ¿Cuándo y cómo se deshizo el narcoestado? ¿En qué curva de esta historia se difuminó de pronto el Tren de Aragua? ¿Cómo es que los salvadores de la patria parecen ser ahora los nuevos socios de la tiranía?

Trump acaba de asegurar que Venezuela todavía no está preparada para realizar unas elecciones. Y lo dice justo cuando se cumplen dos años de una acción ciudadana tan inusitada como épica: una organización civil que involucró a cientos de miles de personas y que logró desenmascarar el fraude electoral del 28 de julio del 2024. Este movimiento, conocido como 600K, fue lo que realmente desnudó la verdad oficial y demostró que Edmundo González Urrutia había ganado la contienda electoral. A todos los venezolanos que votamos, a todos los que de manera voluntaria se quedaron vigilando en los centros electorales, a todos los que se comprometieron y se arriesgaron a fotografiar las actas y transmitirlas, a todos los que las digitalizaron y las enviaron a un espacio seguro… Donald Trump nos dice ahora que no sabemos nada, que no estamos listos, que todavía no.

Es un retrato perfecto de lo que ha pasado en estos meses, del país que vamos siendo: la famosa transición que promete el Gobierno de Estados Unidos se desarrolla sin la gente, sin la participación y sin la auditoría de la sociedad civil. Es un proceso donde se ha excluido al pueblo.

El 6 de diciembre de 1998, tras conocerse los resultados de las elecciones realizadas ese día, un victorioso Hugo Chávez Frías se subió a una tarima para dirigirse a una multitud que lo acompañaba en la ciudad de Caracas. “Por fin la revolución se hizo gobierno”, fueron sus primeras palabras. Esa apelación a uno de los mitos más manoseados del siglo XX latinoamericano fue el comienzo a un proyecto que —detrás de los discursos aguerridos y de las consignas grandilocuentes— se dedicó a saquear salvajemente al país. Ahora ya no hay dudas: la autodenominada Revolución Bolivariana y su tan promocionado “socialismo del siglo XXI” sólo fue una trágica borrachera en tiempos de bonanza petrolera. Mientras denunciaban al imperialismo norteamericano y alzaban la voz por los pobres de la tierra, se hacían millonarios, robándose todo lo que podían. Quebraron al país, destruyeron el Estado y las instituciones, se aliaron con el crimen organizado, militarizaron la sociedad y convirtieron la represión y la censura en su forma de hacer política.

La descomunal paliza electoral de 2024 fue una señal que el oficialismo no supo leer. Maduro y su círculo íntimo, donde estaban los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello, decidieron imponerse. Decretaron una victoria insostenible y desataron una persecución brutal sobre la población. Ni siquiera Lula, Petro o López Obrador salieron a defenderlos. Sin embargo, en la madrugada del 3 de enero, cuando los gringos se llevaron a Maduro y su esposa, nadie pareció asombrarse ni indignarse demasiado. De pronto, la revolución se evaporó. Como por arte de magia. Como un espectáculo que se derrumba. En un tris.

De un día para otro, aquellos que vociferaban en contra de los “yanquis de mierda”, aparecían en la televisión de lo más sonreídos, departiendo en inglés con los representantes de Estados Unidos y conversando tranquilamente sobre el futuro de la nación. La ideología, la soberanía, la izquierda o la derecha, parecían de pronto palabras de otro tiempo, difusas, descolgadas. El liderazgo oficialista comenzó entonces a hablar como si todo lo ocurrido sólo fuera un error menor, como si ellos también hubieran sido víctimas de las circunstancias. Ahora, bajo la tutela de los gringos, el país solo necesita olvidar el pasado y mirar hacia adelante con nuevos ojos. Bye bye, Chávez. Welcome, Míster Trump.

Llegué a Caracas unos días antes del 1 de mayo. En el centro de la ciudad, había una manifestación que buscaba presionar al gobierno para conseguir un aumento sustancial de salarios. Al ver que los policías y los soldados no los dejaban avanzar, los dirigentes sindicales anunciaron una nueva marcha para los próximos días, esta vez con destino a la embajada de Estados Unidos. La imagen emblematizaba nítidamente el fin del chavismo: ahora la clase obrera acude al imperialismo para lograr que el gobierno revolucionario pague sueldos justos. La imagen de Chávez, en la cumbre de Puerto España, regalándole a Obama Las venas abiertas de América Latina es un poster antiguo y ridículo. Un adorno pasado de moda.

El oficialismo ha saltado de un ferviente antiimperialismo a una casi jubilosa aceptación del tutelaje norteamericano. Trump dice lo que sea y los miembros del antiguo Alto Mando Político de la Revolución asienten dócilmente, de inmediato. Es probable que no les parezca difícil. Tienen el entrenamiento adecuado. Pasaron años al servicio de Chávez, un hombre con un liderazgo bastante similar al de Trump. Narcisistas y autoritarios. Improvisados y mediáticos. Quizás también para el presidente norteamericano, lo que más conviene a sus intereses es, precisamente, mantener la estructura de poder tal cual está. Ya tiene una obediencia garantizada. No hace más que repetir que Delcy es fantástica y que su gobierno está sacando mucho petróleo del país. Por ahora, lo único claro que hay entre ambos es la opacidad.

El Gobierno de Estados Unidos y el Gabinete de Nicolás Maduro son quienes deciden y llevan adelante este proceso que, por donde quiera que se vea, requiere de muchísima más transparencia. No existe, por ejemplo, ninguna información precisa sobre la exportación petrolera y la manera en que, supuestamente, han regresado y se distribuyen los recursos en el país. Otro ejemplo: gran parte del sistema represivo continúa intacto y todavía permanecen detenidos 368 presos políticos. Por no hablar de la manera en que, con una particular complicidad, la dictadura y el Gobierno norteamericano han decretado que quien represente a la oposición sea una parlamentaria elegida en 2015, desconociendo nuevamente la voluntad popular que se expresó en las elecciones del 2024. Que María Corina Machado necesite del permiso de Donald Trump y/o de Delcy Rodríguez para poder estar en el país es otra muestra de que esto que —por facilidad— llamamos la transición es un camino turbio y raro, que nadie sabe muy bien a dónde nos conduce.

Los venezolanos somos expertos en los protocolos y en las maniobras de esta exrevolución. El chavismo siempre ha sabido usar muy bien el tiempo como arma política. Mientras no existan señales más claras y contundentes, mientras la sociedad civil no participe de manera protagónica en este proceso, será muy difícil creer que realmente hay un cambio en Venezuela. La democracia, mientras tanto, sólo es un espejismo (El País)


Alberto Barrera Tyszka es escritor venezolano Su última novela es El fin de la tristeza (Rand

om House).


miércoles, 15 de julio de 2026

VENEZUELA POST 24 J : ESCENARIOS Y EXPECTATIVAS.

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Venezuela post 24J: escenarios y expectativas

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El devastador doblete sísmico del pasado 24 de junio ha cambiado de raíz el tablero nacional. Más allá de la conmoción y el drama humano, este evento telúrico actúa como un catalizador en la dinámica de poder. La realidad impone hoy una profunda reconfiguración del mapa de actores y de las prioridades institucionales.

La crisis humanitaria derivada de los sismos, obliga a un viraje estratégico inmediato. La viabilidad del país ya no depende de la vieja retórica, sino de una arquitectura política adaptada a la emergencia. Analizar los escenarios post-terremoto nos permite vislumbrar los caminos hacia una reconstrucción estructural y social.

Escenario de gobernabilidad y despolarización obligada

El primer escenario técnico apunta a una tregua pragmática inducida por la gravedad de la destrucción. El aprendizaje que deja este doblete sísmico es la urgencia de despolarizar la atención de las necesidades públicas. Los actores políticos se ven forzados a cooperar para canalizar la ayuda internacional y evitar un colapso mayor.

Este ecosistema de cohabitación institucional exige de la dirigencia una madurez inédita frente al trauma colectivo. La infraestructura devastada no entiende de disputas ideológicas ni de agendas partidistas particulares. El flujo de recursos externos dependerá estrictamente de la transparencia y de la madurez de estos acuerdos mínimos.

Escenario de centralización y profundización del control

En la acera opuesta, asoma el riesgo latente de una respuesta basada en la recentralización autoritaria. El uso del estado de emergencia podría instrumentalizarse para restringir espacios democráticos y militarizar la asistencia. Este enfoque de control social buscaría administrar el descontento popular mediante el monopolio de la entrega de insumos.

Semejante diseño estratégico erosionaría aún más la frágil confianza ciudadana en las instituciones públicas. La exclusión de sectores civiles en la planificación de la reconstrucción profundizaría la parálisis económica actual. Limitar la contraloría social en un contexto de vulnerabilidad extrema ahuyentará los capitales de asistencia multilateral.

Las ONG como articuladoras del tejido social

Ante la debilidad estructural del Estado, las organizaciones no gubernamentales emergen como el verdadero soporte logístico. Las ONG en Venezuela poseen la capilaridad necesaria para llegar de forma efectiva a las zonas más afectadas. Su legitimidad internacional les permite ser canales confiables para la recepción y distribución de ayuda humanitaria.

Las redes de la sociedad civil organizada sostienen los hilos de un tejido social profundamente fracturado por la tragedia.

El rol de los centros sociales y comunitarios trasciende hoy la asistencia básica e inmediata. Estas plataformas se convierten en los nuevos espacios de gobernanza local y en garantes de los derechos humanos. Su consolidación operativa es indispensable para auditar que la reconstrucción responda a necesidades reales y no a favores políticos.

El manejo de expectativas y la narrativa del futuro

Uno de los mayores desafíos en la Venezuela post-sismos reside en la gestión del plano emocional colectivo. La reconstrucción del país será un proceso complejo, de largo aliento y con severas restricciones financieras. Evitar falsas promesas de recuperación inmediata es vital para frenar la frustración y la desesperanza ciudadanas.

Gobernar las expectativas implica sustituir la vieja demagogia por una pedagogía social transparente y responsable. Explicar los tiempos técnicos y las fases de la reconstrucción genera certidumbre en una población agobiada. El liderazgo del mañana se medirá por su capacidad de comunicar con honestidad los límites de la realidad.

Hacia una política de viabilidad y compromiso ciudadano

La reconstrucción nacional post-terremotos no puede limitarse a levantar bloques y restaurar redes eléctricas dañadas. El verdadero reto institucional consiste en edificar un nuevo consenso político sólido, inclusivo y plenamente democrático. La participación organizada del deseo de cambio nacional debe canalizarse a través de propuestas técnicas viables. Hacer que el compromiso ciudadano sea el próximo gran viral requiere de nuevas plataformas de encuentro. La reconstrucción de la infraestructura física debe caminar en paralelo con el reencuentro de la sociedad civil. Solo un esfuerzo colectivo, despolarizado y transparente podrá transformar esta inmensa tragedia en la refundación definitiva de la República. Y ésta, es una tarea absolutamente impostergable

La revista SIC, es una publicación de la Fundación Centro Gumilla, Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) de la Compañía de Jesús en Venezuela.

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sábado, 11 de julio de 2026

EL CHAVOTRUMPISMO : EL PACTO PERVERSO.







 

El Chavotrumpismo: El pacto perverso y el espejismo de la transición en Venezuela

11 de julio de 2026

Una alianza sin precedentes entre el "tercer chavismo" y la administración estadounidense de Donald Trump se consolida bajo la sombra de los intereses geopolíticos y energéticos de Washington. Este acuerdo fáctico se alimenta de la obediencia de quienes, en Caracas, pretenden perpetuarse en el poder a cualquier costo. Como bien precisa el psicólogo y analista José Domingo Sosa:

"La perversión no se define aquí como una desviación moral, sino como un pacto en el que las reglas del juego y la ley común (la justicia, los juicios formales, el debido proceso) se suspenden en favor de un goce compartido. La supervivencia y el control del objeto, que, en este caso, es el país con sus recursos". (Sosa, J.D. La Psicopatología del Poder. Julio, 2026).

Este pacto responde a una descarnada reconfiguración del orden mundial, expresada en la pugna entre las tres grandes potencias: Estados Unidos, China y Rusia. En este reordenamiento, los imperios buscan delimitar sus áreas de influencia vital sin importar el perfil ideológico de los países satélites. Para la Casa Blanca, este pragmatismo quedó consagrado en su Nueva Estrategia de Seguridad Nacional (diciembre de 2025) bajo el estandarte de "América Primero": una región libre de la presencia económica y militar de Pekín, Moscú e Teherán. Bajo esta lógica, no importa si un régimen es democrático o dictatorial; lo fundamental es que responda a los objetivos geoestratégicos de Washington.

En este tablero, Venezuela es una pieza codiciada por su posición geográfica, su control sobre el Caribe y Sudamérica, y sus inmensas riquezas: las mayores reservas de crudo del planeta, coltán y yacimientos de tierras raras. Tras el fracaso de las negociaciones secretas para que el gobierno de Nicolás Maduro rompiera amarras con el eje transcontinental (Rusia, China, Irán, Cuba, Hamás y Hezbolá), la respuesta de EE. UU. fue contundente: la extracción de Maduro de territorio venezolano para enfrentar la justicia norteamericana.

El Triunvirato y la Doctrina "Donroe"

La salida de Maduro no trajo la liberación, sino un nuevo escenario de subordinación externa. Estados Unidos impuso un gobierno interino regido por un triunvirato: Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello. Con este movimiento, el sistema de dominación represivo y el prontuario de una organización criminal —responsable del saqueo del país, crímenes de lesa humanidad y el empobrecimiento del 80% de la población— quedaron intactos.

Para cumplir sus metas energéticas, el Departamento de Estado sostiene a este grupo sin apoyo popular bajo el pretexto de que "solo ellos garantizan la estabilidad". Diseñaron una hoja de ruta teórica en tres fases: estabilización, recuperación y transición. Sin embargo, a seis meses de la extracción, la realidad es diametralmente opuesta.

La crisis económica y social se profundiza. Los servicios públicos colapsan, la inflación sigue siendo la más alta del mundo y los salarios nominales son los más bajos del continente. Las prometidas inversiones estadounidenses jamás llegaron. La supuesta fase de "estabilidad" no ha sido más que una mutación política: un disfraz de apertura económica que atornilla al régimen autoritario en una nueva etapa que podemos denominar chavotrumpismo. El dominio de Washington pasó del tutelaje político a un colonialismo extractivista descarnado, donde se impide activamente que las fuerzas de oposición asuman una verdadera conducción democrática. El entusiasmo inicial del ciudadano de a pie se ha transformado en una profunda decepción y escepticismo.

La tragedia del 24 de junio: El Estado desmantelado

La absoluta vulnerabilidad de esta estructura neocolonial quedó al descubierto tras los dos devastadores terremotos del pasado 24 de junio. La tragedia, que cobró decenas de miles de víctimas, demostró cómo las décadas de gestión chavista desmantelaron la capacidad de respuesta del Estado.

La catástrofe humana no fue un accidente de la naturaleza, sino el resultado directo de la ausencia de planes preventivos, la proliferación de construcciones ilegales de pésima calidad y la pírrica preparación de una Protección Civil abandonada. Para agravar la situación, los cuerpos de (in)seguridad estatal brillaron por su ausencia durante las primeras 72 horas críticas. Hoy, de forma cínica, el chavotrumpismo utiliza la reconstrucción nacional como la excusa perfecta para postergar indefinidamente la transición política, pretendiendo levantar el país de la mano de los mismos actores que lo destruyeron.

El colapso constitucional y el llamado a la rectificación

Finalmente, es imperativo señalar que el pasado 3 de julio culminó el plazo constitucional de 180 días fijado para el gobierno interino. Al quedar plenamente demostrada la falta absoluta del Ejecutivo, el régimen actual no solo es ilegítimo, sino que usurpa abiertamente el poder. En este escenario de complicidades, la Asamblea Nacional, al omitir su competencia de declarar formalmente dicha vacancia, se convierte en otra institución usurpadora y legitimadora del quiebre inconstitucional.

En síntesis, edificar una democracia que garantice una vida digna en Venezuela es hoy una tarea de extrema complejidad. Solo un gran movimiento social y político de base, capaz de fracturar este andamiaje colonial, podrá hacer entender a la Casa Blanca su monumental error de cálculo.

Pretender y declarar ante la opinión pública internacional que los venezolanos están "contentos y bailando en las calles" disfrutando de una supuesta riqueza es una falsedad, una patraña y una burla inmoral para una sociedad que ha padecido 27 años de dictadura.

Rectifique, señor Trump.

A seis meses del coloniaje.