lunes, 13 de abril de 2026

VENEZUELA Y LA NES DE ESTADOS UNIDOS.


La nueva estrategia de seguridad de Estados Unidos y el valor geopolítico de Venezuela

El reto venidero no será solo administrar recursos, sino el empleo de la diplomacia y el control para proteger la soberanía
La nueva estrategia de seguridad de Estados Unidos y el valor geopolítico de Venezuela

La reciente presentación de la estrategia denominada “Gran Norteamérica” por parte del secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, reabre el debate sobre la arquitectura de seguridad del hemisferio. La propuesta define un perímetro que se extiende desde Alaska y Groenlandia hasta la línea del ecuador e incluye a Centroamérica, el Caribe, Guyana, Surinam, Venezuela, Colombia y Ecuador. La delimitación utiliza barreras naturales, como la selva amazónica y la cordillera de los Andes, para separar áreas de responsabilidad.

Washington sostiene que este enfoque busca restaurar la cooperación militar con el fin de proteger la “civilización occidental” frente a la influencia creciente de potencias externas. También afirma que pretende enfrentar el narcoterrorismo, la delincuencia internacional y la migración irregular. La iniciativa recuerda los esquemas de defensa continental de la Segunda Guerra Mundial y se presenta como un esfuerzo pragmático que no altera los acuerdos comerciales vigentes.

Este anuncio adquiere especial relevancia por la posición nuestra en el mapa mundial. El país concentra rasgos geográficos y estratégicos que la literatura especializada considera excepcionales. Su ubicación en la franja norte de Sudamérica le permite un acceso inmediato al mar Caribe y al océano Atlántico. Desde ese litoral mantiene comunicación directa con Estados Unidos, Europa y el Pacífico a través del Canal de Panamá. Tal condición le permite operar como un punto de enlace entre el espacio caribeño y el continente sudamericano.

La geografía física añade un valor adicional. El país posee una fachada marítima extensa. Un litoral articulado con el arco caribeño. El delta del Orinoco y la Faja Petrolífera del Orinoco forman un corredor que combina recursos energéticos, salida al mar y control de cuencas hidrográficas.

Valor estratégico 

La nación cuenta con una alta capacidad energética. Posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y abundantes yacimientos de gas natural en el hemisferio occidental. A estos dos combustibles fósiles debe agregarse su amplio potencial hidroeléctrico, visible en la cuenca del Caroní. Tales atributos le confieren una condición de actor relevante en el globo terráqueo. La magnitud de estas riquezas naturales explica el interés constante de diversos actores internacionales.

El territorio nacional también alberga recursos subterráneos de alto valor estratégico. En el escudo guayanés se encuentran reservas significativas de oro, hierro y bauxita, junto con minerales tecnológicos como coltán, níquel, rodio, titanio y uranio. Esta diversidad se complementa con depósitos de carbón, cobre y diamante. La amplitud de esta oferta fortalece la posición del país dentro de las cadenas globales de insumos vitales.

El acceso marítimo complementa los factores antes señalados. Tiene salida directa al Caribe, cuyo peso geopolítico se ha mantenido de manera ininterrumpida desde el siglo XIX. Esta zona siempre ha sido un espacio de tránsito comercial y militar. Al ocupar el borde sur de ese sistema marítimo, Venezuela tiene proximidad a los principales corredores interoceánicos y acceso a rutas náuticas vitales, con lo cual se refuerza su importancia dentro del hemisferio. 

A su vez, su fácil acceso al Atlántico incrementa y facilita la conexión con rutas comerciales de alto tráfico, mejorando la proyección del país dentro de la geografía económica, energética y mineral. La combinación de recursos y acceso oceánico configura un perfil que mantiene al país en el radar de los principales centros de decisión internacionales.

La diversidad interna del territorio añade otra dimensión. El país combina llanos, cordilleras y selvas. Los Andes funcionan como barrera natural, los llanos permiten la movilidad y la Amazonía venezolana enlaza con Brasil y con la selva tropical más grande del planeta. Esta variedad del terreno otorga capacidad de maniobra, complica cualquier intento de control externo y refuerza el interés estratégico de la región.

Los límites fronterizos agregan otro elemento. Su cartografía la une a Colombia, Brasil y Guyana. Esta ubicación enlaza tres zonas de gran peso en el continente. El Caribe, los Andes y la Amazonía. La frontera occidental conecta con el corredor andino. La meridional abre paso al sistema amazónico. La oriental vincula con el escudo guayanés y con el Atlántico norte. La singularidad de esta convergencia territorial en la región amplía su valor estratégico.

La dimensión marítima aporta ventajas adicionales. La plataforma continental y los archipiélagos garantizan acceso a una vasta riqueza piscícola de alta productividad. El control del extremo sur del Caribe favorece la explotación pesquera y el aprovechamiento de recursos regionales. Además, la ubicación en la franja intertropical mantiene al país fuera de las rutas de ciclones destructivos. Esta condición climática permite actividad portuaria continua y reduce vulnerabilidades.

El reto: proteger la soberanía

En este contexto, la estrategia “Gran Norteamérica” adquiere un significado particular para la República. La combinación de una riqueza natural considerable y la posición en el borde sur del Caribe, colocan al país entre los mejores situados del hemisferio y con mayor valor estratégico. Estas características lo convierten en un territorio relevante dentro de cualquier esquema de seguridad continental. Si bien la geografía no determina la política, condiciona las opciones de inserción internacional y explica por qué nuestro país vuelve a aparecer en el centro de las discusiones geopolíticas de la región.

Más allá del factor geográfico, el peso de Venezuela en este esquema radica en su rol como soporte energético ante la volatilidad de los mercados internacionales. En un entorno donde la autonomía estratégica depende del control de materias primas críticas, reintegrar la producción venezolana al ámbito occidental busca tanto estabilizar los precios como frenar el avance de potencias extrarregionales. Así, la seguridad hemisférica trasciende lo militar para enfocarse en la creación de un bloque autosuficiente, capaz de proteger sus suministros frente a las crecientes fricciones geopolíticas en Eurasia.

En definitiva, la “Gran Norteamérica” no es un fenómeno aislado, sino la ratificación de que el control del hemisferio occidental sigue siendo una prioridad vital para Washington. La nación venezolana, con su combinación de fronteras y reservas, se consolida como pieza clave en este tablero regional y mundial. El reto venidero no será solo administrar recursos, sino el empleo de la diplomacia y el control para proteger la soberanía ante un orden mundial que busca, con premura, garantizar lealtades y suministros en su entorno inmediato.

***


 

jueves, 2 de abril de 2026

VENEZUELA: MUTACIÓN O TRANSFORMACIÓN POLÍTICA?

 


VENEZUELA: ¿MUTACIÓN O TRANSFORMACIÓN POLÍTICA? DEL SAQUEO CHAVISTA A LA EXPOLIACIÓN GRINGA. PARTE II.

Introducción

A pocos días de cumplirse la fecha para declarar la ausencia absoluta de Nicolás Maduro como presidente del país (el 3 de abril se cumplen los 90 días de la declaración de la falta temporal), tal como lo prevé la Constitución nacional, y convocar una nueva elección presidencial (según reza la Constitución), la situación general del país, generada por el evento del 3 de enero de 2026, se puede resumir de la siguiente manera: el país se encuentra en una mayor incertidumbre sobre su destino. De unas expectativas iniciales muy favorables, vamos pasando a un estado de frustración colectiva; las condiciones materiales de existencia de la inmensa mayoría de la población son cada día más deplorables e insostenibles. En el panorama político-institucional se mantiene en esencia el régimen autoritario, mostrando una fachada de apertura; el tutelaje de EE. UU. impone a los venezolanos continuar con ese régimen de manera indefinida. En lo económico, se fortalece el modelo extractivista y rentista, pero esta vez no para enriquecer a las élites chavistas, sino a las grandes empresas norteamericanas. Hoy, Venezuela transita del saqueo madurista de sus riquezas a la expoliación neocolonial extractivista de Estados Unidos. Se ha instaurado un singular "gobierno familiar", el "rodriganato" (indicativo de que dos hermanos de apellidos Rodríguez dirigen al país). El régimen está haciendo todo lo posible por construir unas condiciones idóneas para reproducir su existencia y mantenerse en el poder; toda la estructura jurídico-política, represiva y sanguinaria sigue intacta y reestructurándose. El rodriganato trata de conseguir legitimidad internacional y estabilidad interna; la oposición no funcional al régimen se está reactivando por todo el país; la líder opositora María Corina amenaza con regresar pronto. Los salarios de los trabajadores desaparecen, mientras el petróleo y el oro se van a las arcas del tesoro norteamericano. El presidente Donald Trump habla de la inmensa cantidad de dólares que ahora ingresan a Venezuela, pero la población cada vez es más pobre; la represión se mantiene; se aplica una ley de amnistía a discreción del verdugo; centenares de portales informativos siguen bloqueados. No hay señales de una apertura política y económica real que apunte a una transición de este régimen antidemocrático a un modelo democrático. La señora Delcy Rodríguez es la mejor y magnífica socia del presidente Donald Trump; es reconocida como presidenta y se le eliminan las sanciones personales que le habían sido impuestas por el mismo presidente Trump.

Estos, entre muchos otros, son los factores que vienen construyendo una situación de difícil definición, pero que se pudiera describir a grandes rasgos, señalando el papel que cumplen las tres principales fuerzas que pretenden controlar el poder del país:

a) Estados Unidos

EE. UU., con su enfoque según el cual Venezuela está dentro del mapa de seguridad de lo que, según ellos, es Norteamérica. De esta forma, Venezuela cumple la función de suministro energético seguro, alineación geoestratégica, limitaciones al flujo migratorio y amortiguador de conflictos regionales. En esa visión, Venezuela está dentro de su Nueva Estrategia de Seguridad Nacional, aprobada en diciembre de 2025. De tal manera que no será posible abandonar el tutelaje por parte de esa nación.

b) El rodriganato

La élite postmadurista tutelada: el rodriganato o tercer chavismo. Este grupo, dirigido por los hermanos Rodríguez Gómez (presidenta encargada y presidente de la Asamblea Nacional), tiene como objetivo principal hacer todo lo posible por no abandonar el control del poder que vienen ejerciendo desde hace 27 años. En esa línea, han diseñado la estrategia de la "mutación política", la cual consiste en ofrecer la sensación de ejecutar una apertura económica y política sin perder la naturaleza del régimen; es decir, control total de todas las instituciones y mantenimiento y reproducción de la misma lógica de dominación del autoritarismo cerrado sobre la población y el país. Pero esta vez, a través de un régimen autoritario abierto y tutelado por Estados Unidos, capaz de desarrollar un capitalismo autoritario donde se pueda lograr un crecimiento económico y mejorar la calidad de vida de la población, manteniendo control absoluto sobre el poder a través de las limitaciones a las libertades políticas y civiles, mientras continúan saqueando al país junto a las grandes transnacionales. La idea es sencilla: el rodriganato apuesta que, con el tutelaje de Estados Unidos, puedan mejorar la economía, seguir los lineamientos geoestratégicos y energéticos impuestos por sus tutores y, a cambio, mantenerse en el poder. Ellos representan para Estados Unidos la estabilidad que necesita ese imperio para lograr los objetivos establecidos en la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional. El rodriganato se presentaría con una fachada democrática, pero con dominio absoluto de la vida civil y política de los venezolanos; se trata de que todo cambie para que nada cambie.

c) La oposición de María Corina Machado

El sector opositor que dirige la señora María Corina Machado (MCM) es el otro factor con fuerza política, social y electoral real, el cual es pieza fundamental sobre el rumbo que se pueda trazar en el país: mutación o transformación. Esta oposición plantea un cambio radical; no son reformas, es un cambio de régimen político. Por sus declaraciones públicas y documentadas, pareciera que su intención es construir un modelo político basado en el llamado capitalismo popular, en el marco de un populismo de derecha al estilo impuesto en El Salvador por Nayib Bukele. Esta oposición consolidó su fuerza el 24 de julio de 2024 (allí asistió toda la oposición unida), cuando el señor Edmundo González ganó de manera aplastante la elección presidencial, la cual fue desconocida por el régimen encabezado por Nicolás Maduro. La líder de esa oposición es la señora María Corina Machado, quien encarna la esperanza de la mayoría de ciudadanos que aspiran a un cambio verdadero en el país.

Ahora bien, a partir del evento ocurrido el 3 de enero de 2026, que culminó con la captura de Nicolás Maduro como sujeto solicitado por la justicia norteamericana por distintos crímenes, se suponía que Estados Unidos, por razones políticamente obvias, reconocería e instalaría en el poder al señor Edmundo González o, en todo caso, se nombraría un gobierno provisional de corta duración, el cual tendría el objetivo de realizar una nueva elección presidencial en la cual pudiese participar MCM. Para sorpresa de todos, nada de eso sucedió. El gobierno norteamericano prefirió entenderse con parte de la élite chavista y ensayar un régimen político tutelado de duración indefinida, el cual le garantice sin obstáculos sus objetivos principales: alineación geopolítica con EE. UU., flujo energético seguro, disminución de la migración y control de conflictos regionales. Para avanzar en el desarrollo de este ensayo político, se estableció un plan de tres fases: estabilidad política, reactivación económica y transición política a la democracia. De esta manera, por lo menos hasta ahora, la señora MCM no tiene capacidad de decisión sobre el desarrollo de los acontecimientos, pues se encuentra en un dilema: asume las órdenes del presidente Donald Trump de que quien gobierna es Delcy Rodríguez y que no habrá elecciones hasta que haya grandes inversiones y crecimiento económico, o se viene al país a movilizar a la población para exigir una elección presidencial lo más pronto posible. Hasta el momento, pareciera estar cumpliendo con las órdenes impuestas y debería esperar hasta la tercera fase del plan para iniciar su ascenso al poder.

De estos tres factores señalados, tenemos que Estados Unidos es el determinante; los otros dos tendrán que agudizar al máximo sus estrategias y tácticas para poder ganarse la bendición del presidente Trump y lograr sus objetivos. Vista de esta manera la situación, podemos aproximarnos a afirmar lo siguiente:

Conclusiones principales

Con relación a Estados Unidos, podemos afirmar que ha logrado, con su tutelaje a Venezuela, cumplir con lo establecido en la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional de 2025. A saber: Venezuela rompe sus alianzas con China, Rusia, Irán, Cuba, Hezbolá y Hamás. Asimismo, se convierte en un proveedor de recursos y minerales estratégicos y, además, su ubicación geoestratégica sirve a Estados Unidos como punto de control para América del Sur y todo el Caribe �.

Estados Unidos ha demostrado que su principal interés no es la apertura democrática en Venezuela. Tres meses han transcurrido desde la extracción de Nicolás Maduro y el ADN político del régimen sigue intacto; cada vez que puede, el presidente Donald Trump expresa su enorme satisfacción con la sociedad perfecta que mantiene con el régimen autoritario del rodriganato �.

Estados Unidos está demostrando que su principal interés es poseer sin límites los recursos minerales y energéticos a través de un modelo económico rentista y extractivista de características neocoloniales �.

La constitución de una especie de alianza perfecta entre Donald Trump y el rodriganato pareciera ralentizar un posible inicio que indique un proceso hacia la transición democrática. A pesar de las reiteradas declaraciones del Secretario de Estado Marco Rubio enfatizando la necesidad de una transición política en Venezuela, al parecer la posición del presidente Trump es distinta �.

El rodriganato está haciendo lo que dijo la señora Delcy el 4 de enero de 2026: "paciencia, conciencia y resistencia". Igualmente, el 15 de enero de 2026 expresó: "Tenemos la preservación del poder nacional; que nadie se equivoque" (discurso ante la Asamblea Nacional el 15/01/26). Ya días antes, el 11 de enero de 2026, en reunión con los comunicadores chavistas, planteaba: "la 'paciencia estratégica' es la herramienta fundamental para avanzar hacia el desenlace victorioso de esta batalla". El rodriganato o tercer chavismo jamás se les ha pasado por la mente abandonar el poder; al contrario, las acciones públicas de la presidencia indican un reacomodo de la estructura del poder con el objetivo de permanecer en él por largo tiempo. El rodriganato entiende que su mejor protección y garantía la tienen con la alianza perfecta que mantienen con Donald Trump mientras cumplan con sus órdenes �.

El rodriganato podrá acceder a presentar una "fachada democrática" donde se permitirá ciertas actividades que simulen libertades políticas, siempre con el acompañamiento de sectores cooptados, pero no permitirá actividades o acciones que pongan en peligro el control del poder. "Paciencia, conciencia y resistencia" es una línea política bajada a sus bases para darles a entender que "por ahora" tendrán que aceptar las imposiciones de Donald Trump, pero que más temprano que tarde volverán con todas sus fuerzas tal y como son por su naturaleza.

El rodriganato entiende que también el evento del 3 de enero les presenta una gran oportunidad: por un lado, logran salir de Nicolás Maduro, quien se había convertido en el enterrador del chavismo al convertirse en el personaje más aborrecido del país; en tal sentido, es la oportunidad para mutar a otra cosa que, siendo lo mismo, no se parezca al madurismo. Y, por otro lado, el empeño de Donald Trump de expoliar los recursos naturales y energéticos a través de grandes empresas transnacionales les brinda la oportunidad para lograr una recuperación económica que pudiese terminar normalizando al rodriganato, pues una leve mejora de las condiciones de vida de la población y el aplazamiento de la elección presidencial bajarían la presión social, ya que la gente pasaría del modo supervivencia a tener la sensación de que la situación va mejorando �.

La oposición. La oposición encabezada por MCM tiene la tarea de desmontar la estrategia de Donald Trump y del rodriganato; en tal sentido, deberían:

8.1) Entender que su liderazgo tiene legitimidad popular y reconocimiento internacional; por tal motivo, debe asumir la conducción en el terreno de un gran movimiento social y político nacional e internacional de presión para exigir una elección presidencial lo más pronto posible para la elección de un gobierno de transición. El rodriganato no debe llevar adelante una transición, pues su objetivo es mantener el control del poder.

8.2) Si MCM sigue sometida a las órdenes de Donald Trump, perderá el tiempo oportuno para iniciar ese gran movimiento; es por ello que la única manera de avanzar hacia una transición a la democracia es que ella venga al país e inicie un recorrido en procura de esa transición, tal como lo hizo en la campaña electoral de 2024.

8.3) MCM debe entender que el futuro del país se decide aquí y no en Washington, lo cual no indica un rompimiento con Donald Trump, pero sí asumir una posición más decente en defensa de los intereses del país.

8.4) MCM debe entender que la llamada fase de estabilización solo beneficia al rodriganato. La oposición debe hacer entender a Estados Unidos que los únicos desestabilizadores que quedan en el país son la élite chavista, no la oposición.

8.5) MCM debe asumir una conducta humilde y amplia con otros sectores opositores, abandonar el sectarismo y la prepotencia que hoy muestran los dirigentes de su partido; es una tarea por realizar. La unidad de todos los venezolanos, sin exclusión, que entienden la necesidad de un cambio es fundamental.

En resumen, pudiéramos afirmar que la posibilidad de un proceso de transición hacia un modelo político de democracia plena en Venezuela se encuentra en un punto neutro. En ello influyen los intereses económicos de grandes empresas transnacionales; también incide la visión geoestratégica de Estados Unidos en el contexto del nuevo reordenamiento imperial y la situación de la política interna norteamericana a propósito de las elecciones de medio término a realizarse en noviembre de este año, donde al parecer los republicanos perderían el control del Congreso �. Se corre el riesgo de que, en la medida en que no exista un cronograma que indique los tiempos para la transición política, en esa misma medida se vaya diluyendo ese objetivo y se vaya normalizando la mutación política del régimen autoritario que hoy sigue dominando al país. Es por ello que existe la necesidad política de desnudar la presunta estabilidad como lo que realmente es: el tiempo para la mutación. La transición a la democracia en Venezuela no vendrá por un capricho de Donald Trump ni por el arrepentimiento de los verdugos de la dictadura chavista; la transición será el producto de la movilización ciudadana con el objetivo de lograr no un cambio gatopardiano, sino un cambio real hacia una democracia plena. Pero el tiempo conspira en su concreción: cada día que se pierde es un día en el cual el monstruo sigue mutando.

02/04/26.


martes, 31 de marzo de 2026

EL DESMORONAMIENTO DEMOCRÁTICO .

 

Daniel Zovatto - EL DESMORONAMIENTO DEMOCRÁTICO

El mundo entra en una nueva era de autocratización

Por primera vez en más de medio siglo, Estados Unidos ha perdido su estatus de democracia liberal, según el informe 2026 del Instituto V-Dem

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante una actividad en la Casa Blanca, el 15 de enero de 2026. | Foto: EFE/EPA/Samuel Corum

La democracia liberal atraviesa su momento más crítico desde el inicio de la tercera ola de democratización. Tras 15 años de estancamiento, el 74% de la población mundial —alrededor de 6 mil millones de personas— vive hoy bajo regímenes autocráticos, mientras que otro 41% —unos 3.4 mil millones— reside en países donde la democracia se encuentra en deterioro.

Durante décadas, buena parte del pensamiento político asumió que, pese a sus retrocesos ocasionales, la expansión democrática conservaba una lógica de largo plazo: podía desacelerarse o sufrir crisis temporales, pero la dirección general del movimiento parecía clara. El reciente informe 2026 del Instituto V-Dem de la Universidad de Gotemburgo —presentado esta semana— que lleva como título “El Desmoronamiento de la Era Democrática” (Unraveling the Democratic Era), sugiere que esa premisa ya no se sostiene. Según sus autores —tesis que comparto— no estamos ante una recaída pasajera ni frente a una simple “fatiga democrática”; estamos ante una nueva era de autocratización.

La evidencia que presenta el informe es contundente. La democracia global ha retrocedido hasta niveles comparables con los de finales de la década de 1970. En otras palabras, gran parte de las conquistas alcanzadas durante la llamada tercera ola de democratización —iniciada en 1974 con la Revolución de los Claveles en Portugal— ha sido erosionada. El ciudadano promedio del mundo vive hoy en condiciones democráticas semejantes a las de 1978. Es la constatación de que medio siglo de avances institucionales y de libertades ha sido, en gran medida, revertido.

Lo más inquietante de este proceso no es solo su escala, sino su localización. La autocratización ya no se concentra exclusivamente en Estados periféricos o democracias de baja intensidad. Ha llegado al corazón mismo del orden liberal occidental. Según V-Dem, por primera vez en más de medio siglo, Estados Unidos ha perdido su estatus de democracia liberal. El dato tiene un peso geopolítico inmenso: se trata del deterioro interno de la democracia más influyente del mundo y también del debilitamiento del país que, hasta hace poco, era el principal garante histórico del orden internacional basado en reglas.

De acuerdo con el citado informe, el segundo mandato de Trump se caracteriza por una rápida y agresiva concentración de poder en la Presidencia, que altera de manera sustantiva el equilibrio institucional. El deterioro más pronunciado se observa en las restricciones legislativas. No obstante, el documento subraya que, por ahora, los mecanismos electorales se mantienen estables. La verdadera prueba se medirá en las elecciones legislativas de medio término del próximo 3 de noviembre.
Deterioro global

El deterioro estadounidense no debe leerse como una anomalía aislada. Es parte de una tendencia global. Según V-Dem, el mundo tenía 92 autocracias y 87 democracias a fines del 2025. El 74% de la población mundial (6 mil millones) reside en autocracias, mientras que apenas 7% (600 millones) vive en democracias liberales, siendo Dinamarca, Suecia, Noruega, Suiza, Estonia e Irlanda quienes encabezan el índice democrático.

La tendencia global es igualmente negativa: mientras solo 18 países en el mundo están democratizándose —una cifra históricamente baja— 44 están en proceso de autocratización, casi una cuarta parte del total mundial. Además, en 2025, había más personas viviendo en autocracia cerradas (28%, o sea 2.3 mil millones) que en democracia electorales y liberales combinadas (26%, o sea 2.2 mil millones). Estas cifras revelan que la democracia liberal no solo ha dejado de expandirse: ha pasado a ser, demográficamente, una condición minoritaria.

Europa tampoco está al margen de esta ola de desmoronamiento: siete países están afectados por procesos de autocratización: Hungría, Serbia, Grecia, Eslovaquia, Eslovenia, Italia y Rumanía —los primeros cuatro figuran entre los de mayor autocratización—. La advertencia es relevante porque desmonta una ilusión persistente: la de que Europa, por la densidad de sus instituciones y la madurez de sus democracias, estaría inmunizada frente al deterioro autoritario. No lo está. El ascenso de fuerzas de extrema derecha, la radicalización del discurso público y la tolerancia de sectores conservadores hacia líderes iliberales muestran que la vulnerabilidad europea es real.

Por su parte, América Latina y el Caribe exhibe un panorama de claroscuros. Si bien en 2025 se mantiene como la segunda región más democrática del mundo, su trayectoria es descendente desde los máximos alcanzados a comienzos de la década de 2000. Tras una recuperación puntual en 2023 —impulsada en gran medida por las mejoras en Brasil—, la tendencia vuelve a deteriorarse como resultado de los retrocesos en Argentina, México y Perú, tres de los países que figuran entre los diez con mayores niveles de autocratización a nivel global. A este cuadro se suman los efectos persistentes de los regímenes autoritarios de Cuba, Nicaragua y Venezuela —en un contexto geopolítico hoy más complejo—, así como la deriva autoritaria en El Salvador y la condición de colapso estatal en Haití, lo que en conjunto configura una región que, pese a conservar importantes anclajes democráticos, enfrenta una erosión sostenida y heterogénea de sus instituciones.

En síntesis, el actual desmoronamiento democrático a escala global responde a tres dinámicas principales: el retroceso de democracias históricamente consolidadas; la regresión de países que habían logrado afianzar sus procesos de transición a fines del siglo XX y principios del XXI; y la profundización de tendencias autoritarias en regímenes ya autocráticos.
La libertad de expresión la principal víctima

El informe permite observar no solo dónde avanza la autocratización, sino cómo lo hace. La herramienta más extendida sigue siendo la censura de medios, utilizada por 32 de los 44 gobiernos en retroceso. A ello se suma la represión creciente de la sociedad civil, presente en 30 países, y el deterioro de la calidad de las elecciones, que empeoró en 22 países durante 2025 y solo mejoró en 7. La libertad de expresión es, de hecho, el componente más dañado de la democracia global: 44 países registran retrocesos en este ámbito y solo 11 países muestran avances. La conclusión es inequívoca. La nueva autocratización no necesita abolir las elecciones; le basta con vaciarlas de sustancia, restringir el pluralismo, intimidar a la prensa y debilitar, paso a paso, los mecanismos de rendición de cuentas.

Ese patrón explica por qué el concepto de “regímenes híbridos” resulta cada vez más central. Muchas autocracias contemporáneas no prescinden de las urnas; las conservan como instrumento de legitimación, pero desmontan el ecosistema institucional que hace posible una competencia genuina. El resultado es una democracia de fachada: elecciones sin equidad, parlamentos sin autonomía, tribunales bajo presión y medios disciplinados.

Las implicancias geopolíticas de esta tendencia son profundas. En primer lugar, el debilitamiento de las democracias reduce el compromiso con el multilateralismo y acelera la transición desde un orden basado en reglas hacia otro regido por relaciones de poder. En segundo lugar, la expansión de modelos iliberales incrementa la tolerancia hacia prácticas autoritarias y reduce los costos internacionales de la represión interna. En tercer lugar, la autocratización fragmenta aún más el sistema internacional, en un momento en que las rivalidades geopolíticas, la crisis de gobernanza global y los conflictos armados exigen niveles de cooperación cada vez más difíciles de alcanzar.

¿Hay espacio para un optimismo prudente? Sí, pero acotado.

El informe de V-Dem muestra que el mundo ha cruzado un umbral peligroso.

La democracia ya no puede ser entendida como el horizonte natural de la modernidad política ni como el punto de llegada inevitable del desarrollo. Ha pasado a ser un régimen en disputa, acosado desde fuera por autocracias consolidadas y erosionado desde dentro por líderes que una vez electos, utilizan las instituciones democráticas para vaciarlas de contenido.

La cuestión ya no es si la democracia está en retroceso. La evidencia acumulada en el informe de V-Dem confirma que lo está. La verdadera incógnita es otra: si las sociedades democráticas serán capaces de reaccionar a tiempo para defender sus instituciones, reconstruir su legitimidad y renovar un contrato social que articule libertad, representación y eficacia; o si, por el contrario, terminará imponiéndose una contra-ola autoritaria de mayor alcance y duración.

Ambos escenarios siguen abiertos. Pero su desenlace no dependerá únicamente de gobiernos o élites políticas. También recaerá —de manera decisiva— en la conducta, las convicciones y el compromiso de los propios ciudadanos. Porque, en última instancia, la democracia no se erosiona ni se renueva en abstracto: se sostiene —o se pierde— en la acción concreta de quienes creen en ella. Sin demócratas comprometidos, no hay democracia que perdure.

sábado, 21 de febrero de 2026

VENEZUELA: LA MUTACIÓN POLÍTICA DEL RÉGIMEN.


VENEZUELA: LA MUTACIÓN POLÍTICA DEL RÉGIMEN

Repliegue táctico, reordenamiento geopolítico y continuidad autoritaria (I Parte)

I. Introducción: un punto de inflexión en clave geopolítica

El 3 de enero de 2026 marcó, según la narrativa aquí analizada, un punto de inflexión en la dinámica del poder en Venezuela: la presunta extracción de Nicolás Maduro por fuerzas especiales de Estados Unidos y su comparecencia ante un tribunal federal en Nueva York alteraron abruptamente el equilibrio político interno y la relación bilateral con Washington. Más allá del hecho puntual, el acontecimiento se presenta como catalizador de una mutación política: no una transición democrática, sino un reacomodo estratégico orientado a preservar el control del Estado bajo nuevas condiciones internacionales.

Este ensayo sostiene que la élite gobernante habría optado por un repliegue táctico para asegurar su supervivencia, ajustando su discurso y su inserción geopolítica al reordenamiento global liderado por Estados Unidos. La hipótesis central es que el cambio no implicaría una democratización sustantiva, sino una reconfiguración del autoritarismo hacia formas más pragmáticas y resilientes.

II. Reordenamiento imperial y cálculo estratégico

El argumento se inscribe en la premisa de un mundo en reordenamiento imperial, donde las grandes potencias delimitan esferas de influencia y consolidan alianzas para preservar posiciones estratégicas. En este marco, Estados Unidos priorizaría la estabilidad hemisférica como parte de su política de seguridad nacional, reduciendo márgenes para alianzas extrarregionales consideradas adversarias.

Desde esta perspectiva, la dirigencia venezolana habría evaluado tres factores:

1. Limitación del respaldo externo efectivo. Potencias como China, Rusia o Irán difícilmente escalarían su apoyo más allá de declaraciones diplomáticas.

2. Asimetría de poder. La brecha militar, tecnológica y financiera con Estados Unidos haría inviable una confrontación abierta.

3. Riesgo sistémico. La permanencia en una lógica de desafío frontal podría acelerar sanciones, aislamiento y fracturas internas.

El resultado sería un giro pragmático: aceptar un tutelaje político-económico implícito a cambio de garantías de estabilidad y continuidad.




III. De la confrontación al repliegue: la lógica de la supervivencia

El desplazamiento del liderazgo personalista permitiría reconfigurar responsabilidades. La figura de Nicolás Maduro funcionaría como chivo expiatorio, facilitando una narrativa de corrección sin alterar la arquitectura del poder. La élite gobernante conservaría:

El control del aparato coercitivo.

La estructura judicial y fiscal.

La normativa restrictiva sobre libertades públicas.

Los mecanismos de inhabilitación política.

En términos comparados, esta dinámica se asemeja a procesos de autoritarismo adaptativo, donde el sistema introduce reformas económicas y ciertos gestos simbólicos para ganar legitimidad externa sin desmontar los pilares de dominación interna.

IV. Apertura económica y continuidad institucional

Uno de los ejes centrales de la mutación sería la apertura al capital internacional, especialmente en el sector energético. La reforma del régimen de hidrocarburos implicaría mayor participación privada y condiciones favorables a empresas extranjeras, evocando debates históricos sobre soberanía y concesiones durante el período de Juan Vicente Gómez.

Esta apertura buscaría:

Reactivar la economía.

Mejorar indicadores sociales básicos.

Desactivar presión ciudadana mediante estabilización material.

Sin embargo, el mantenimiento de la institucionalidad vigente —Ejecutivo, Asamblea Nacional, Poder Judicial y órgano electoral— consolidaría la continuidad del modelo político, ahora revestido de pragmatismo económico.

V. Reconfiguración de la oposición y cálculo electoral


La estrategia incluiría la gestión diferenciada de la oposición: una parte funcional al sistema y otra cooptada, reduciendo capacidad de articulación alternativa. En este contexto, la figura de María Corina Machado aparece como actor potencialmente desestabilizador, en la medida en que simboliza la demanda de transición democrática plena.

La aprobación de una ley de amnistía —interpretada como mecanismo de protección institucional antes que reparación integral— reforzaría la cohesión interna del bloque gobernante y enviaría señales de “normalización” al entorno internacional.

El horizonte electoral hacia 2030 se proyectaría bajo condiciones reguladas que preserven la correlación de fuerzas favorable al oficialismo, configurando un esquema de autoritarismo competitivo más que una democracia liberal.

VI. La dimensión internacional: alianza estratégica y estabilidad hemisférica

En el plano externo, la narrativa sugiere una convergencia con la administración estadounidense encabezada por Donald Trump, basada en estabilidad energética y contención geoestratégica. El acuerdo tácito respondería a intereses mutuos:

Para Washington: asegurar suministro y limitar presencia de rivales globales.

Para Caracas: obtener reconocimiento de facto y aliviar presión internacional.

Esta relación no implicaría afinidad ideológica, sino convergencia pragmática en torno a estabilidad y seguridad.

VII. Mutación política o transición democrática

La categoría clave es mutación política: un proceso de transformación instrumental que modifica formas sin alterar la esencia del poder. Inspirada en la lógica del “gatopardismo” —cambiar algo para que nada cambie—, la estrategia buscaría:

Reconfigurar liderazgos.

Ajustar alianzas internacionales.

Introducir reformas económicas.

Mantener intacto el monopolio político.

Desde esta perspectiva, no se observan señales estructurales de transición hacia una democracia plena: continúan restricciones a la competencia equitativa, limitaciones a la libertad de expresión y predominio del Ejecutivo sobre los demás poderes.


VIII. Conclusión: estabilidad, pragmatismo y expectativas sociales

El proceso descrito revela una tensión entre estabilidad y democratización. La mutación política podría generar mejoras económicas relativas y cierto alivio internacional, pero sin transformar la naturaleza autoritaria del sistema.

En el plano social, persiste una expectativa mayoritaria de cambio. La interrogante es si la mejora material bastará para desplazar la demanda de derechos políticos o si, por el contrario, la estabilización abrirá nuevos espacios de articulación democrática.

En suma, la mutación en curso parece responder a un cálculo estratégico de supervivencia en un contexto geopolítico adverso. No constituye, al menos en esta primera fase, una transición sistémica hacia la democracia, sino una reingeniería del poder destinada a asegurar continuidad bajo nuevas coordenadas internacionales.

20/02/26





 

miércoles, 4 de febrero de 2026

VENEZUELA: UN GOBIERNO D COALICIÓN PARA LA TRANSICIÓN.


 

VENEZUELA: UN GOBIERNO DE COALICIÓN PARA UNA TRANSICIÓN A LA DEMOCRACIA PLENA.


1) Debe construirse un gran acuerdo nacional incluyente , diverso y dialogante para constituir un Gobierno de Coalición para la Transición.


2) ese  gobierno de coalición debe estar compuesto por :  gobierno y oposición con el acompañamiento de EEUU para abordar la emergencia política, social y económica.


3) ese gobierno de coalición debe generar las condiciones necesarias para organizar un proceso electoral para elegir todas las autoridades públicas de elección popular comenzando por la presidencia de la República.


4) el gobierno de coalición debe diseñar y ejecutar un plan de estabilización y crecimiento macroeconómico : política fiscal, política monetaria y  política comercial y de comercio exterior 


5) el gobierno de coalición debe lograr un acuerdo nacional que de inmediato se aboque soberanamente a : 


a) Dolarización formal de la economía en base a un convenio entre el BCV y la Reserva Federal de EEUU.


b) proveer y garantizar el marco legal regulatorio e institucional de respeto a las inversiones nacionales y extranjeras.


c) Reingeniería de PDVSA para recuperar su nivel productivo y abrirse a las inversiones nacionales y extranjeras.


d) direccionar los ingresos por la venta de petróleo así como los activos retenidos a nivel internacional hacia una política de reindustrialización del aparato productivo nacional.


e) diseñar y ejecutar un programa de emergencia para abordar la grave crisis social que vive el país. Teniendo como objetivo fundamental la recuperación del salario y las pensiones así como también la atención alimentaria, de salud y educación a la población más vulnerable.


6) el gobierno de coalición debe garantizar  el respeto absoluto a la Constitución Nacional y en consecuencia el respeto a la vida , a la libertad de pensamiento, de expresión, de la actividad política, y sobre todo que nunca más nadie sufra prisión por pensar distinto a aquellos que detentan el poder.


7) el gobierno de coalición debe acordar un convenio de cooperación económica, social y tecnológica justo y transparente con el gobierno de EEUU ....


8) un Gobierno de coalición debe invertir de manera transparente los recursos derivados de la venta de petróleo en las áreas priorizadas por el Gran Acuerdo Nacional....


9) un gobierno de coalición debe de manera inmediata liberar incondicionalmente a todos los presos políticos sin permitir impunidad alguna a los autores de crímenes cometidos en la violación a los derechos humanos y a crímenes de lesa humanidad. 

Se trata de liberar a ciudadanos que nunca cometieron delito, sólo pensaban distintos al poder, por lo tanto es liberación y no es por la vía de una ley de amnistía, pues  amnistiar es perdonar a quien cometió un delito, en ese sentido una ley de amnistía encubre a los culpables de violaciones a los derechos ciudadanos y deja como culpables a las víctimas.


03/02/2026



jueves, 29 de enero de 2026

VENEZUELA: HACIA UNA DICTADURA TUTELADA ?

  

Venezuela ante el riesgo de un régimen tutelado: un problema histórico

Venezuela ante el riesgo de un régimen tutelado: un problema histórico

Por Juan Miguel Matheus

Publicado originalmente en Diálogo Político .

El país enfrenta la posibilidad de responder a un poder no democrático que mantiene el control sin devolver la soberanía. La suspensión del tiempo y el riesgo de una transición sin ciudadanía ni autogobierno pleno son los principales desafíos.

La historia política moderna conoce bien las dictaduras clásicas: el caudillo, el partido único, la ideología totalitaria, la represión visible. Conoce también las ocupaciones: la bota extranjera, el gobierno impuesto, la administración directa. Pero hay una figura más ambigua, más corrosiva y, por ello mismo, más peligrosa para el porvenir de los pueblos: el autoritarismo o la dictadura tutelada. Y en Venezuela hoy se asoma esa figura histórica.

No se trata de una dictadura en sentido tradicional, ni de una transición democrática propiamente dicha. Se trata de una forma intermedia de dominación, en la que el poder no se ejerce plenamente desde dentro ni se impone formalmente desde fuera, sino que se ejerce a control remoto bajo la disuasión que causa la fuerza. El tutelaje suspende la soberanía sin abolirla, congela la voluntad popular sin negarla explícitamente y posterga el futuro bajo el lenguaje de la prudencia, el orden y la prosperidad económica; o, lo que es más claro (o cínico), detrás del argumento de la ineptitud cívica de la nación. En ese proceso, la Constitución deja de operar como norma de regeneración del poder ciudadano y se convierte en letra muerta, formal y sin capacidad regeneradora de la justicia y de la libertad.

¿Quién gobierna y desde dónde?

La extracción de Nicolás Maduro, combinada con la permanencia de Delcy Rodríguez como figura de continuidad del antiguo régimen autocrático y con la voracidad petrolera de una lógica trumpiana abiertamente transaccional, no inaugura una liberación democrática real. Por lo menos no hasta ahora. Inaugura, más bien, una zona de indeterminación histórica. El régimen cae, pero el tiempo no avanza. El dictador se va, pero la historia no retoma su curso de justicia, ni el orden constitucional recupera su función esencial de devolver el poder a los ciudadanos.

Desde la filosofía de la historia, el problema no es únicamente quién gobierna, sino desde dónde se gobierna el tiempo. Las naciones no existen solo como estructuras institucionales o territorios soberanos; existen como comunidades que se reconocen a sí mismas en un discurso fundacional compartido, en una continuidad moral que enlaza pasado, presente y porvenir. Cuando esa narración es interrumpida y sustituida por una racionalidad externa —geopolítica o populista— lo que emerge no es una transición democrática, sino una distorsión histórica, en la que la legalidad subsiste, pero la legitimidad queda en suspenso.

Delcy Rodríguez encarna esa distorsión en Venezuela. No es una figura carismática ni la jefa de un proyecto político: es una albacea del remanente del chavismo, una funcionaria del después. Su papel, en la lógica del tutelaje, no es refundar ni cerrar un ciclo, sino garantizar que nada esencial cambie mientras todo parece cambiar. Su continuidad representa la transformación del régimen en uno supuestamente menos épico, menos brutal, pero quizás más insidioso: preserva el control político sin restituir el principio constitucional de soberanía popular.

El tutor

Toda dictadura tutelada necesita, sin embargo, un tutor. Y aquí aparece la segunda dimensión del problema: la reducción de Venezuela a objeto estratégico, a activo energético disponible para una negociación de intereses —foráneos o locales— sin horizonte moral. En esa mirada, el país no es una comunidad política devastada que debe reconstruirse, sino un “problema de gestión” y una oportunidad de extracción de riqueza. El petróleo deja de ser un recurso nacional sujeto a deliberación democrática y se convierte en la moneda de cambio que justifica la postergación de la soberanía popular.

La historia ofrece antecedentes inquietantes. Existieron protectorados, transiciones administradas, regímenes interinos con resultados mixtos. Uno tuvo un final feliz, como Japón, con una transición tutelada extraordinariamente exitosa. Los otros son: Afganistán (2001–2021), Irak (2003–2011) e incluso Puerto Rico (desde 1898), este último sin ocupación militar hasta la actualidad, pero sí soberanía limitada. En estos últimos casos el daño no fue solo institucional, sino antropológico. Los pueblos aprendieron a no decidir. A esperar. A delegar su destino. El tutelaje produce orden sin ciudadanía, estabilidad sin responsabilidad, normalidad sin autogobierno efectivo.

En Venezuela, el riesgo es aún mayor porque la nación llega a este umbral ya profundamente erosionada. El chavismo no solo destruyó instituciones; deformó la venezolanidad, sustituyendo la cultura del autogobierno por la dependencia, la pérdida de responsabilidad y la resignación. Una dictadura tutelada no corrige esa deformación: la normaliza bajo un nuevo lenguaje. Donde antes se hablaba de revolución, ahora se hablará de orden. Donde antes se invocaba al pueblo, ahora se invocará al mercado. Pero la negación del principio constitucional de decisión colectiva permanece intacta.

La reconstrucción moral de la república

Por eso este problema descrito no es táctico ni coyuntural. Es un problema histórico en sentido pleno. Una nación no se recupera cuando cambia de administrador, sino cuando recupera la capacidad de decidir sobre sí misma. Sin elecciones libres, sin un horizonte constitucional claro, sin un plazo estricto y vinculante que reactive el mandato constitucional de elegir, el tutelaje se convierte en una forma sofisticada de dominación: más aceptable, más silenciosa, pero igual de deshumanizante.

Las zonas grises no absuelven a la historia. La historia no las recuerda como prudencia, sino como oportunidades perdidas. La pregunta que se abre ante Venezuela no es si el tutelaje es preferible a la dictadura, sino si es compatible con la reconstrucción moral de la república. Todo indica que, hasta donde hemos visto, no.

Una supuesta transición que no devuelve el tiempo a los ciudadanos, que no restituye la decisión y que no permite elegir, es una transición que congela la historia. Y un país sin historia propia —aunque exporte petróleo y mantenga el orden— es un país que ha renunciado a su porvenir. Ese es el verdadero peligro de la dictadura del tutelaje: no que gobierne demasiado, sino que nos acostumbre a no gobernarnos nunca más.