sábado, 4 de julio de 2026

RETOMAR LA CONSTITUCIÓN PARA RECONSTRUIR EL PAÍS.

 



Retomar la Constitución: el primer acto de reconstrucción nacional


Comunicado | (Caracas 02 de julio 2026) La tragedia más reciente que nos embarga ha dejado pérdidas humanas, comunidades golpeadas y una profunda demanda de respuesta, protección y dignidad. Pero también ha puesto de manifiesto la fuerza cívica del pueblo venezolano: su capacidad de organizarse, auxiliar, acompañar, rescatar, cuidar y sostener la vida incluso en medio de la adversidad.


La nueva emergencia humanitaria exige asistencia inmediata, atención médica adecuada, protección de las personas damnificadas, transparencia en la gestión de la ayuda, garantías de no discriminación y rendición de cuentas. Pero todo ello solo será creíble y posible con instituciones legítimas, autoridades sometidas al control ciudadano y un proceso de transición que coloque a las personas, sus derechos y su dignidad en el centro de toda decisión pública.


El día de hoy, 2 de julio de 2026, recordamos que la Constitución nacional es la norma suprema y fundamento del ordenamiento jurídico; todas las personas y órganos del poder público están sujetos a ella. Ninguna fórmula política puede estar por encima de la Constitución.


Ante el vencimiento del plazo constitucional previsto en el artículo 234 para el ejercicio de un gobierno interino o provisional, resulta impostergable que las instituciones competentes procedan conforme al mandato establecido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, declarando la falta absoluta de la Presidencia de la República y adoptando las medidas necesarias para restituir plenamente el hilo constitucional mediante la convocatoria a elecciones libres, auténticas, competitivas, transparentes y verificables.


La omisión de la Asamblea Nacional en garantizar el cumplimiento estricto de la Constitución según sus propias competencias, es un ejemplo de la urgente necesidad de reconstruir la institucionalidad para promover una reconstrucción material eficiente del país. 


Cualquier transición democrática pactada debe fundarse en el respeto estricto a la norma constitucional, en la separación de poderes, en la garantía de los derechos civiles y políticos y en la participación plena, libre e informada de la ciudadanía. La prolongación indefinida de situaciones excepcionales, sin base constitucional suficiente, debilita la institucionalidad, profundiza la incertidumbre y priva a la sociedad venezolana de su derecho a decidir democráticamente su futuro. No son legítimos los acuerdos que sustituyan la voluntad popular y la Constitución venezolana.


Venezuela demuestra hoy que cuenta con una sociedad viva, solidaria y capaz de protagonizar su propia reconstrucción. La tragedia ha mostrado que los venezolanos y venezolanas no son espectadores de su destino, sino protagonistas de la solidaridad, de la organización comunitaria y de la reconstrucción posible. Por ello, esa reconstrucción debe comenzar por la recuperación de la Constitución como marco común de convivencia, justicia, legalidad y esperanza democrática. La reconstrucción material del país necesita también reconstrucción institucional. Las viviendas, las escuelas, los hospitales, los servicios públicos y la ayuda humanitaria requerirán decisiones que inspiren confianza, seguridad jurídica y legitimidad.


Volver a la norma, recuperar la soberanía, abrir el camino a un calendario electoral y celebrar elecciones que permitan una transición sin más postergaciones, legítima, pacífica, incluyente y basada en derechos humanos constituye también una condición para una reconstrucción duradera del país. Hacemos un llamado a las autoridades nacionales, a los actores políticos, a la sociedad civil, a la comunidad internacional y a los organismos de protección de derechos humanos a acompañar y exigir la restitución del hilo constitucional, la declaración formal de la falta absoluta de la Presidencia de la República y la convocatoria urgente a elecciones conforme a los estándares democráticos internacionales.


Laboratorio de Paz

viernes, 3 de julio de 2026

VENEZUELA: DICTADURA CON COLONIAJE.


 



VENEZUELA: DICTADURA CON COLONIAJE

Hoy, 3 de julio, culmina el interinato de la señora Delcy Rodríguez como encargada de la Presidencia de la República. Al no estar contemplado en la agenda de la Asamblea Nacional declarar la falta absoluta de Nicolás Maduro, pasamos entonces a ser administrados (y dominados) por un régimen de facto: una dictadura en lo doméstico con un dominio neocolonial de una potencia extranjera, EE. UU. Es una situación muy singular y dolorosa la que nos ha tocado vivir. Por un lado, un régimen político ilegítimo y dictatorial; por el otro, un coloniaje cuyos únicos objetivos son, para unos, mantenerse en el poder y, para los otros, saquear los recursos energéticos y minerales. Todo ello ocurre en medio de una terrible tragedia en la que miles de hermanos han fallecido como consecuencia de dos terremotos devastadores.

Ante esta situación, no se vislumbra ningún cambio político ni económico que conlleve la mejoría y dignificación de la vida de los venezolanos de manera significativa. Todo lo contrario, estamos asistiendo a otro momento oscuro de nuestra historia, donde las cúpulas políticas y económicas dominantes, en perfecta articulación con el imperialismo norteamericano, mantienen y reproducen un modelo económico extractivista. Este modelo en nada favorece al pueblo humilde y pobre de Venezuela (el cual constituye más del 70 %), sino que esas riquezas se dirigen a engordar la acumulación de capital de las grandes transnacionales impulsadas por el señor Donald Trump, quien de manera descarada y burlona expresa que los venezolanos estamos en las calles bailando de alegría por la gestión de su cipaya administradora y de su dominio imperial.

El señor Trump nunca tuvo como objetivo liberarnos del régimen chavista; su meta es y sigue siendo alinear a Venezuela en su política geoestratégica, en el contexto de un nuevo reordenamiento de los poderes mundiales, y apoderarse de los recursos minerales y estratégicos del país.

Hoy, EE. UU. aplica su poder imperial bajo un modelo neocolonial extractivista y expoliador, amparado en la política entreguista y apátrida de la cúpula gobernante y de la dirigencia opositora, pues ambos factores políticos luchan encarnizadamente para convencer a Donald Trump de quién es más entreguista que el otro.

Toda esta política imperial y la posición cipaya del régimen y de la oposición se profundizan a propósito de la terrible tragedia que estamos viviendo. Esa será la excusa perfecta para arreciar la dominación del imperio y del régimen fáctico sobre la vida de cada venezolano. Todo ello hace indicar que los pobres de Venezuela seguirán siendo pobres, como lo han sido desde hace 530 años; es decir, aún nos siguen cambiando espejitos y baratijas por oro mientras la pobreza se mantiene y se reproduce por generaciones.

Esa es, desgraciadamente, la realidad que hoy vivimos los venezolanos.


     FREDDY PEREZ.