martes, 8 de marzo de 2016

EL ECOCIDIO DEL ARCO MINERO DEL ORINOCO

¿Motor minero o motor ecocida?

¡ni todo el dinero que pueda entrar a Venezuela para su buena administración justifica la afectación del agua!
¡ni todo el dinero que pueda entrar a Venezuela para su buena administración justifica la afectación del agua!

 
Reflexión necesaria acerca del Arco Minero del Orinoco

María Walter / 
Maria_Walter_1Por mucho que Nicolás Maduro, Nelson Merentes y Eulogio Del Pino aseguren en cadena nacional que la conformación de empresas mixtas para la exploración/explotación de oro, diamante, coltán, bauxita y cuanto otro mineral haya dispuesto Dios sobre las riberas de nuestro Soberbio Orinoco y sus afluentes, no afectará sus ecosistemas, la experiencia de otras latitudes los desdicen. ¡Nada más pernicioso para los ecosistemas que la explotación de las vetas de oro, diamante, coltán, entre otros minerales! 
Es indudable que extraerlos representaría un ingreso exorbitante e incalculable y, precisamente por eso, las empresas con experticia en el área están felicísimas; sin embargo, es oportuno el momento para la reflexión de nosotros los venezolanos, pues nada más inconveniente para los acuíferos del Estado Bolívar que su afectación por la simple causa de la exploración para cuantificar dichas  reservas minerales. Este es un llamado a los venezolanos para que miremos con ojos de futuro la decisión de tal exploración, pues por mucho que se pretenda justificar el denominado Motor Minero como fórmula oficial para la obtención de divisas para tomar la salida más fácil y aceptar la presión de las multinacionales mineras -que aliviaría la baja en la industria petrolera venezolana (ingresos dilapidados por cierto)-, no deberíamos optar por la perniciosa explotación de nuestra incalculable reserva minera… Es necesario decirlo: el decreto de exploración firmado el pasado jueves 24 de febrero si afectará gravemente los ecosistemas de Venezuela para las generaciones actuales y, peor aun, para las generaciones de venezolanos aun no nacidas, en tanto:
1.- Suficientemente se está padeciendo ya el rigor de los efectos de la sequía por causa del daño ecológico generado a los ecosistemas en el planeta.
2.- La cuenca del Orinoco es uno de los mayores reservorios  de agua de la región latinoamericana. Alrededor de dicha reserva de agua se encuentra la mayor riqueza de Venezuela para sus GENERACIONES FUTURAS¡la diversidad GEOLOGICA! Es decir, áreas vírgenes de  valor geológico excepcional hoy a resguardo en el corazón de la tierra, minerales sin expoliar serán extraídos a mansalva por causa del interés meramente económico de empresas depredadoras del ambiente que, precisamente, han sido en buena medida las causantes del daño ecológico global y, ahora, por causa de que los políticos venezolanos estén totalmente desubicados con respecto al real grado de afectación que ello nos ocasionaría, de nosotros no asumir potestad sobre dichos territorios mineros, éstos quedarían expuestos…
3.- Quienes están en acción de gobierno en Venezuela se ufanan de declarar que esta actividad minera se enmarca dentro del ECO-SOCIALISMO; sin embargo, la extracción de tales minerales son la más dantesca expresión del capitalismo salvaje: inmensas extensiones de territorios hoy se encuentran devastadas en el mundo atendiendo a los principios de la maximización de la ganancia de estas empresas voraces que han acabado con cientos de especies de fauna y flora por el afán de extracción de la geodiversidad.  ¿Puede negar el socialista Maduro que el oro y el diamante adquieren valor de uso principalmente como bienes de consumo de las élites planetarias que él ideológicamente combate?
4.- Es irresponsable negar la real afectación futura que tendrá la cuenca del rio Orinoco pues por causa del simple desmantelamiento de la capa vegetal de los bloques determinados para exploración para la detección de las vetas, es suficiente el daño; sin embargo, no se trata de la mera exploración, se trata de la acción de extracción de minerales sin expoliar que pueden estar tanto en lo superficial como en lo profundo de las vetas, lo que implica, sin lugar a dudas, daños irreparables que causaran estas 130 empresas mineras que vía EMPRESAS MIXTASobtendrán potestad para manejar a su antojo los bloques dados en concesión minera. Cabe preguntarse si la nuevaAsamblea Nacional está de acuerdo con la creación de tales empresas; hasta el momento no he visto al respecto qué posición ha asumido ni la Directiva de la Asamblea, ni mucho menos el responsable de la Comisión Permanente de Energía y Minería, diputado de la Mesa de la Unidad (MUD), Luis Aquiles Moreno,
Entiéndase: ¡ni todo el dinero que pueda entrar a Venezuela para su buena administración justifica la afectación del agua! Suficientemente afectados están ya el río Orinoco y sus afluentes por causa de los oficialmente negados derrames de petróleo. 
¡Este es un llamado a la conciencia! Los venezolanos hemos de estar claros que los procesos geológicos por los que ha pasado nuestra Amada Venezuela es lo que precisamente ha dado lugar a uno de los yacimientos minerales más excepcionales del planeta. Corresponde a nosotros asumirnos en Guardianes de este Patrimonio Mineralógico INSUSTITUIBLE!
¡Detengamos a tiempo, lo que puede ser evitado!

EL ASALTO RUSO A PDVSA

El asalto ruso a PDVSA

Estamos en presencia del insólito caso de un país intervenido, saqueado y quebrado por su propio ejército y policías.
Estamos en presencia del insólito caso de un país intervenido, saqueado y quebrado por su propio ejército y policías.

 
El asalto ruso a PDVSA, destruccion del ambiente y privatizacion del ejército

Pablo Hernández Parra / Soberania.org
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Dos informaciones aparecidas recientemente en la prensa nacional, la primera sobre lo crisis financiera que sacude a PDVSA y al Estado venezolano y la segunda referida al decreto del gobierno sobre la activación del Motor Minero[1], son ilustrativas tanto de la quiebra y saqueo que vive la empresa, como del desespero del gobierno en la búsqueda de los dólares para pagar US$ 1.500 MM de la deuda que se venció el pasado 26 de febrero[2].
Pero, especialmente, ambas ilustran sobre el crecimiento del parasitismo y corrupción militar imperante en el país y el doble discurso que acompaña como marca de fábrica a la llamada “Revolución Bolivariana”.
Sobre la corrupción en PDVSA y la privatización de la Fuerza Armada Bolivariana
En efecto, el presidente de Pdvsa anuncia que la empresa creada para el sector militar CAMIMPEG prestará todo el apoyo que Pdvsa requiera para su desarrollo… como, por ejemplo, en áreas fronterizas. Vamos a aumentar nuestra seguridad[3]. Y aquí surgen las primeras interrogantes de este nuevo fraude y máquina de lavado y corrupción que se llama CAMIMPEG. Según el presidente de Pdvsa la citada empresa será empleada, entre otras cosas, para brindarle seguridad a la industria, en especial en áreas fronterizas.
Ante lo cual preguntamos:
  • ¿Y acaso la seguridad del Estado y de sus empresas no es la función principal de la Fuerza Armada Nacionalexpresamente señalada en las leyes de país[4] y por las cuales los militares venezolanos reciben cada año incrementos salariales y otros beneficios y privilegios muy por encima de trabajadores públicos socialmente útiles y productivos, como siderúrgicos, petroleros, médicos, profesores, maestros, entre otros?
  • ¿Acaso los trabajadores y asalariados venezolanos, así como empresarios, no pagan con los impuestos, tarifas, multas, IVA y demás tropelías del gobierno nacional el sueldo y las armas -propiedad pública- de dicho ejército?[5]
  • ¿Y los 85 mil 377 millones de BsF otorgados al Ministerio para la Defensa en el presupuesto nacional del 2016 serían tan solo para cubrirles el sueldo básico a los militares?[6]
  • Si PDVSA le paga al ejército por brindarle seguridad a sus instalaciones, ¿no significa esto, de hecho y derecho, la privatización del ejército, para cumplir labores como empresa privada, bajo el control directo del ministro de la Defensa?
  • ¿Y cómo quedará la situación salarial, laboral y sindical de las decenas de millares de soldados que, como mano de obra semi-esclava, estará obligada por disciplina militar y “servicio a la patria” a trabajar en dicha empresa?
A esta carta bajo de la manga del ejército y de la CAMIMPEG, dentro de la llamada Emergencia Económica el señor Nicolás Maduro nos agrega un nuevo escenario al que irán a copar los militares para continuar su campaña admirable de saqueo y destrucción en el país. Un verdadero As de Oro[7] ha sacado del bolsillo nuestro tahúr. El pasado día 24/02/2016 el Sr. Maduro, en su presentación del llamado octavo Motor Minero de la Agenda Económica Bolivariana, identificó un nuevo campo de acción de la CAMIMPEG: EL PLAN DE ACCIÓN ESTRATÉGICO DE LA FAJA PETROLÍFERA Y EL ARCO MINERO DEL ORINOCO, que el fallecido comandante supremo presentara en vivo y en directo el 23 de agosto de 2011[8].
Este plan, una verdadera arma de destrucción masiva y arrase del ambiente en Venezuela, es totalmente antagónico con el llamado punto cinco del Plan de la Patria: “Contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana”. Pero, hay más, con toda su palabrería del señor Maduro intenta presentar como original y novedoso su plan del Arco Minero del Orinoco, alternativa para “sustituir el modelo rentista petrolero”siendo dicho plan una vulgar adaptación del plan minero-energético diseñado desde el año 2000 por parte del capital financiero internacional dentro de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA)[9].
Como se sabe, en el 2008, a raíz de la creación del UNASUR y la incorporación forzada de Venezuela a la misma, la IIRSA, sufre una transformación y queda como un Foro técnico de UNASUR [10], pero con el mismo objetivo del desarrollo minero-energético de Suramérica y la destrucción programada del ambiente de la región, en especial la selva amazónica[11].
La declaración de Eulogio Del Pino sobre el papel de CAMIMPEG dentro de Pdvsa y este plan minero de Maduro, vienen a explicar con más exactitud el verdadero objeto de la creación de la citada compañía militar minera y petrolera: se trata de convertir al ejército en una verdadera compañía privada de intermediación y comisionista en el sector minero, petrolero de importación y exportación, que le abra a esta pujante “industria de la corrupción” nuevas vías y canales para el lavado y blanqueo de dinero[12].
El asalto ruso y la venta-privatización de PDVSA a precio de gallina flaca
En la misma noticia el Sr. Del Pino, anuncia con bombos y platillo que la compañía rusa Rosneft[13] ha comprado por 500 millones de dólares el 23,7% de las acciones de la empresa mixta PetroMonagas[14], pertenecientes a Pdvsa. Con esta compra, los rusos aumentaron del 16% al 40% su proporción en la propiedad de la misma. ¿Qué significa hacer propietario a los rusos del 23,7% de las acciones de PetroMonagas por 500 MM$? Nada más y nada menos que pagarles a los rusos para que se lleven el petróleo y junto a los chinos se consoliden como los nuevos representantes del capital financiero internacional, en este ex País Nacional, como justamente lo llama el profesor Blanco Muñoz. Al venderle el 23,7% por casi 40 años[15] de una compañía petrolera como PetroMonagas, se le está haciendo socio-propietario en esa proporción de los siguientes activos de esa empresa:
  • Un Mejorador de petróleo extra pesado de PetroMonagas en Jose[16], cuyo costo actual oscila entre los US$ 10 y 15.000 MM$, de tal manera de que en este negocio los rusos se hacen dueños de un activo con un valor de su participación entre US$ 2.370 a 3.555 MM$[17]Rosneft había comprado por unos US$ 1.000MM$ el 16,3% que le pertenecía a BP-TNK enPetroMonagas. Para que se tenga una idea de este atraco cometido por los rusos en complicidad con el gobierno nacional y de Eulogio del Pino y la directiva de Pdvsa, vale la pena recordar que Pdvsa en el 2012 le hizo un mantenimiento mayor al citado mejorador y pagó US$ 400 MM$ por esa sola labor[18], tanto como lo que pagaron los rusos por el 23,7% del valor de toda la compañía que incluye mejorador, reservas y producción.
  • PetroMonagas produce en la actualidad 142.000 barriles diarios y tiene capacidad de duplicar su producción con la inversión rusa[19].
  • Ahora el 40% de esa producción es propiedad de los rusos, que pagaron en total unos US$ 1.500MM$ y tendrán más de 30 años para recuperar con creces ese capital.
  • Y, por si fuera poco, Rosneft añade a sus activos los 23,7% de las reservas de petróleo y gas contenidas en el yacimiento de Cerro Negro, en la parte que pertenecen a PetroMonagas[20]. Según la propia Pdvsa, para el 2010 este yacimiento poseía 3.500 millones de barriles en reservas probadas, tomando en cuenta la producción actual de PetroMonagas en 140.000 B/d, la relación Reserva/Producción indica que en la parte del yacimiento donde opera PetroMonagas hay petróleo para 68,9 años. Sin embargo, estas reservas al parecer son mayores. Según una información suministrada por el propio gobierno con motivo de una visita del Presidente Chávez al Complejo de Mejoradores José Antonio Anzoátegui de Jose, en junio del 2010, en esa oportunidad los medios oficiales informaban que PetroMonagas tenía Reservas Probadas de Petróleo por el orden de los 5.580,02 MMBls y Reservas Probadas de Gas en el orden de los 668 MMMPC[21].
De tal manera que con 500 MM$, los rusos se ponen en el 23,7% de:
  • Un mejorador de petróleo cuyo costo actual gira en torno a los 15.000MM$.
  • De 142.000 barriles diarios de petróleo[22].
  • De la parte correspondiente de los 5.580 MM de barriles de petróleo, de las reservas probadas y de los 668 MMMPC09 de Reservas Probadas de Gas pertenecientes a PetroMonagas[23].
Si esto no es un atraco en despoblado, acompañado de nocturnidad, escalamiento, alevosía y crueldad, es algo muy parecido. Por ello compartimos plenamente la denuncia del diputado Elías Matta[24] y preguntamos: ¿cuáles fueron los cálculos y cuentas que sacó el señor Eulogio del Pino y la directiva de PDVSA para establecer que el 23,7% de las acciones de PetroMonagas cuestan 500 MM$? Y agregamos: ¿cuánto recibieron por tan jugoso regalo a los “camaradas rusos”?
Lo más trágico y grotesco de la tragedia venezolana es que el 6D la población venezolana votó mayoritariamente contra el gobierno militar del Sr. Maduro y en favor de la oposición. Hoy, a casi dos meses de la instalación de la Asamblea Nacional, estos señores, fieles a los intereses de clase que defienden, una vez más se postraron ante el “supuesto héroe” del 6D. En efecto, durante la entrega de la Memoria y Cuenta de los ministros de Maduro ante Asamblea Nacional, la oposición unánimemente abucheó, pitó y le gritó a todos los representantes oficiales; en cambio, se desvivieron en aplausos, apretones de mano y saludos cuando el pequeño simio de Padrino López, presentó sus documentos. Tanto nadar para morir en la orilla, tal es el epitafio de esta nueva estafa contra la población llamada la MUD.
Estos nuevos actos de corrupción y saqueo, públicos y notorios, que lleva adelante el gobierno de Maduro y los militares, en cualquier lugar del mundo y en Venezuela son sencillamente delitos de corrupción a niveles de lesa humanidad. Se trata, nada más y nada menos, que de cobrarle dos veces al Estado por el mismo servicio, de apropiación indebida de bienes públicos, de malversación de dineros y… pare de contar[25]Estamos en presencia del insólito caso de un país intervenido, saqueado y quebrado por su propio ejército y policías y, para remate, es la población quien asume los costos y gastos de dicha intervención. Esto solo es posible dentro del realismo mágico latinoamericano.
¡Hasta cuando los militares seguirán saqueando al país!
¿Cómo un ejército de intervención puede ser garante de la democracia?
¿Doscientos años de militarismo no bastan?
Todo militar en cualquier país del mundo es el administrador de la violencia del Estado contra los trabajadores y asalariados. Desechar las ilusiones, olvidar las promesas y prepararse para la lucha. ¡Una nueva sociedad basada en el amor, trabajo y conocimiento no saldrá de una urna de votación, de las palabrerías y mentiras de un caudillo o de las promesas de un candidato electoral, será únicamente producto de la unión, organización, conciencia y lucha de los trabajadores contra el capital, su Estado y representantes!

FARSANTES Y VENDEPATRIA

Farsantes y vendepatria

El socialismo bolivariano encarna un capitalismo militarizado, dependiente, explotador y vendepatria.
El socialismo bolivariano encarna un capitalismo militarizado, dependiente, explotador y vendepatria.

 
En el “Arco Minero del Orinoco” se estima que existen reservas de 4.136 toneladas de oro, 33,79 millones de quilates de diamante y  3.644 millones de toneladas de hierro, además de inmensas reservas de coltán, bauxita y cobre

José Rafael López Padrino / Soberania.org
Jose_Rafael_Lopez_Padrino_2Mientras las hordas asalariadas de la “robolución” gritaban en la sede de la Asamblea Nacional “La patria no se vende“ el iletrado Maduro subastaba las riquezas petroleras y mineras del país al mejor postor.
De manera exprés y sin autorización de la Asamblea Nacional (AN) el iletrado Maduro ha procedido a vender las acciones de PetroMonagas a la empresa rusa Rosneft. Dicha acción representa una violación de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, que en su artículo 33 indica que la conformación accionaria de las empresas mixtas y cualquier modificación tiene que estar aprobada por la AN, lo cual no se cumplió.
Pero además el ignorante enciclopédico decidió otorgar concesiones leoninas a compañías extranjeras para la extracción de minerales en la zona del Arco Minero del Orinoco. Una de ellas ha sido la otorgada a la empresa canadiense Gold Reserve, una de las corporaciones más dañinas para el medio ambiente y más expoliadoras de los países de nuestraAmérica. Acuerdo que además ha implicado la devolución de las estatizadas instalaciones de las minas “Las Brisas” (2009) a dicha compañía, una de las minas de oro más grande de la América Latina. Concesiones mineras que en algunos casos serán operadas en asociación con la recién creada Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (Camimpeg), es decir una PDVSA paralelala cual le otorga a la Fuerza Armada Nacional el monopolio de los servicios en el sector, además de la explotación minera nacional.
Estas ultimas acciones tomadas por estos renegados ideológicos de Maduro y compañía ratifican que detrás de la falaz verborrea anticapitalista, y revolucionaria del fachochavismo se esconde un perverso proyecto explotador y vende patria que atenta contra nuestra soberanía e independencia nacional. La desnacionalización de PDVSA mediante la creación de las empresas mixtas e hipoteca de la misma al imperio Chino, la entrega arbitraria de la Faja Petrolífera del Orinoco y de los recursos mineros del “Arco Minero del Orinoco” al capital transnacional confirman el carácter reaccionario y antinacional del proyecto bolivariano. Vale recordar que en el subsuelo de la faja se encuentran las reservas de hidrocarburos pesados más grande del mundo y en el “Arco Minero del Orinoco” se estima que existen reservas de 4.136 toneladas de oro, 33,79 millones de quilates de diamante y  3.644 millones de toneladas de hierro, además de inmensas reservas de coltán, bauxita y cobre.
Al margen de la propaganda goebbeliana del régimen, nuestro país no disfruta de ninguna “alborada emancipadora”, ni se han modificado los lazos de dependencia con el capital transnacional. Los fachobolivarianos siguen abierta o solapadamente las políticas fiscales, monetarias y presupuestarias del FMI al entregar nuestros recursos al capital transnacional, aplicar impuestos regresivos y medidas laborales contrarias a los intereses de los trabajadores, al continuar con endeudamientos externos e internos irresponsables, al seguir cancelando una deuda externa ilegalmente contraída.
Tales políticas han conducido a un aumento de la pobreza y del desempleo estructural, con todo su cortejo de degradación social. Insistimos, el fachochavismo representa un ensayo capitalista-neoliberal, con nuevo libreto y rostro, a fin de renovar malintencionadamente las esperanzas entre los más necesitados y desposeídos de nuestras sociedades, ahora más sometidos, explotados y reprimidos que nunca en nuestra historia.
El bufo y antinacional proyecto populista de Maduro y su logia militar no representa ninguna opción contrahegemónica que permita la defensa de los intereses y de la soberanía nacional.
El socialismo bolivariano encarna un capitalismo militarizado, dependiente, explotador y vendepatria.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Qué significa ser progresista en materia de pensamiento?

Qué significa ser progresista en materia de pensamiento?
Jorge Luis Acanda
Acanda, Jorge Luis. "¿Qué significa ser progresista en materia de pensamiento?". En: Hacia dónde va el pasado. El provenir de la memoria en el mundo contemporáneo. Barcelona: Paidós. 2002. págs. s/p
El tema de este artículo me trajo de inmediato a la memoria una película española que se exhibía en la televisión cubana durante mi infancia. No retengo su título, pero si su argumento, que versaba sobre un pequeño pueblito costero, en la España de los 50, al que de repente llegaba un grupo de trabajadores forasteros encargados de construir una carretera y un hotel para la futura arribazón de turistas, y de como el contacto con las nuevas ideas y usos, traídos por los recién llegados, llevaba a los habitantes de la aldea a romper los patrones tradicionales de comportamiento y subordinación y a sacudirse el amodorramiento de su cotidianidad. De aquel filme guardo tres recuerdos. Uno es el de la magnífica actuación de José Isbert, que encarnaba a un aldeano cascarrabias y conservador que se oponía a la construcción de la carretera y a lo que ella significaba. El otro es el de una escena en la que ese personaje encarnado por Isbert discutía con aquellos trabajadores y, buscando un adjetivo con el que insultarlos, les espetó esta frase: “¡progresistas, que no sois más que unos progresistas!”. Y el tercero es el de la sorpresa que me provocó que lo que para mí era (y aún sigue siendo) una cualidad positiva fuera utilizado como insulto, algo que descalificaba a una persona o una acción.
Como en aquel pueblito de la película, ahora también algunos asumen en sentido peyorativo el concepto de progreso. Pero hoy no se le enfrenta, como hacía el personaje de marras, desde el afincamiento cerril en la tradición, sino desde los apotegmas de un sistema de representaciones que se presenta a sí mismo como “cultura postmoderna”, y que, junto con el de progreso, estigmatiza temas tales como totalidad, telos, revolución, sujeto, historia. Y con ello, y por lo tanto, las aspiraciones tradicionales del pensamiento de lograr una visión de la realidad que, por sistematizadora, nos permitiera darle un sentido a los procesos sociales y a las actividades de los hombres. Que permitiera comprender, aprehender, en suma, la realidad.
Pensamiento y progreso han sido dos conceptos muy atacados desde una conciencia filosófica “posmoderna”, aprisionada en el sistema de un presente temporal del que parecen excluidas las categorías narrativas del cambio, y que se ha apoyado para ello en representaciones e imágenes de los mismos que unilateralizan la complejidad inherente al contenido de ambas categorías. Ciertamente es válido rechazar la visión lineal y ascendente de la historia que no pocas veces ha sido vehiculizada en la idea de progreso, y que ha servido y sirve de coartada a la opresión y la dominación, pero ello en modo alguno puede legitimar la omisión de la idea de “proceso” para adoptar la de una especie de flujo nietzscheano e infinito de tiempo. Porque precisamente la imagen de progreso implica pensar la historia como un proceso. Desenredar la madeja de estas representaciones e imágenes que envuelven a estas categorías tan discutidas hoy es una tarea urgente, no sólo por las propias exigencias del quehacer teórico, sino por el modo en que aquellas limitan la imaginación política (Jameson:18). Y sin imaginación política no hay pensamiento capaz de rechazar la chatura opresiva del presente y proyectar la visión de un mundo más humano.
Ante la ofensiva de un relativismo rampante, que procura derrubiar el basamento objetivo de aquellas categorías que nos han servido como puntos de orientación de nuestra actividad valorativa y práctica, se patentiza con fuerza dramática la necesidad de un pensamiento que asuma la función de denuncia de la opresión y de fundamentación de la posibilidad de un futuro mejor. Que argumente la posibilidad del progreso no como utópica, sino como posibilidad real. Que evite las trampas que limaron las aristas liberadoras de pensamientos progresistas anteriores. La necesidad de responder a la pregunta que titula este trabajo se nos presenta con renovada fuerza. ¿Cómo entonces pensar al progreso y al propio pensar?  
1) Pensar el Progreso.
Progreso significa cambio, pero en sentido positivo, de mejoramiento. La idea de progreso cobró auge a partir del siglo XVIII, en el contexto de la lucha empeñada por la entonces joven burguesía contra el orden clerical-feudal y por la liberación del hombre de la supeditación al absolutismo político, la superstición religiosa y la ignorancia.
El progreso se pensó en dos dimensiones: la relación de los hombres con la naturaleza (la dimensión técnica) y las relaciones de los hombres entre si (dimensión social), progreso ético de las normas que regulan su convivencia. Se fijó como meta un tipo de conocimiento y dominio de la naturaleza que abriera paso a una sociedad en la que reinaran los valores de justicia, solidaridad, paz, etc. Desde un inicio se consideró que la dimensión técnica y la social estaban indisolublemente vinculadas, y que un cierto nivel de desarrollo de la primera era imprescindible para posibilitar la segunda.
Se creó una situación histórica en la que se impuso una visión del progreso que podemos catalogar de instrumental. El acento fue puesto en la primera dimensión, y se olvidó la segunda. La idea de progreso se encarnó en las representaciones provenientes de un tipo específico de despliegue de la modernidad, cuyas divisas eran la racionalización, la sistematización y la cuantificabilidad.  Se creyó que el solo desarrollo científico-técnico, la acumulación y perfeccionamiento de instrumentos para dominar a la naturaleza, implicarían automáticamente la consecución de la felicidad humana. La constatación de que esto no era así, y de los potenciales efectos perversos del desarrollo tecnológico, condujo a que se pasara al otro extremo y se satanizara el desarrollo de la técnica. Se hizo claro que en su empeño por dominar a la naturaleza externa, el hombre había acabado por reprimir su propia naturaleza. Sobrevino entonces el desencanto con la idea de progreso. La lógica del desarrollo tecnológico y la del desarrollo humano pasaron a interpretarse como independientes, y algunos incluso las entendieron como antitéticas. Se nos quiso hacer creer que el fracaso de un modelo civilizacional implicaba no ya su incapacidad para la concreción de un ideal, sino más bien la insolvencia del ideal mismo. Y el término progreso fue arrojado al baúl de los trastos aborrecibles, junto con otros conceptos tales como sujeto, totalidad, liberación, etc.
¿Por qué se difundió y primó esa concepción tecnologizante del progreso? Horkheimer indicó que sólo es posible la confusión de identificar el avance técnico-económico con el progreso cuando se asumen las posiciones de la razón instrumental. Ese tipo de razón se manifiesta en la preponderancia de un pensamiento reificador, que se representa la realidad a través de imágenes cosificadas, y que deforma el carácter de las relaciones sociales al metamorfosearlas en relaciones entre cosas. El predominio de la razón instrumental y del pensamiento reificador en estos dos últimos siglos no es casual. La preservación de la dominación de unos hombres sobre otros no había estado orgánicamente vinculada, en sociedades anteriores, al aumento del dominio sobre la naturaleza. Con el surgimiento de los “tiempos modernos”, esa conexión se torna inmanente. Ahora se necesita un dominio incrementado sobre la naturaleza para mantener el dominio sobre los hombres. Esta necesidad aparece con el nuevo tipo de sujeción que inauguran los procesos de modernización capitalista. Ella se manifestó como desarrollo de la mercantilización creciente de todas las relaciones sociales. La universalización de la forma mercancía. Se identificó el progreso como el avance de esta mercantilización, que sólo podía expandirse a caballo de un tipo de desarrollo científico-técnico encaminado a la producción incesante de nuevos instrumentos cosificados de dominación.
Pero sería unilateral representarse lo acaecido en los dos últimos siglos, exclusivamente con los tonos monocordes de la expansión colonizadora del tipo de racionalidad inherente a la reproducción ampliada de la forma mercancía. Alain Touraine nos ha recordado que la modernidad ha de entenderse como unidad de racionalización y subjetivación. La universalización de la forma mercancía fuerza a todas las relaciones sociales a existir como relaciones mercantiles, dominadas por la lógica de la producción ampliada de valor. Para que ello sea posible, el individuo mismo ha de ser convertido en un consumidor ampliado de mercancías. No solo sus necesidades, sino también su modo de satisfacerlas y el modo de representárselas, tienen que existir como función del consumo no de cualquier tipo de objetos o “cosas”, sino de un objeto muy específico: la mercancía. Muy específico porque ella es producida no para la satisfacción de necesidades que puedan considerarse “humanas”, sino - por el contrario - para satisfacer su propia necesidad de realización y autorreproducción. Pero la tendencia a la mercantilización de todo el sistema de relaciones sociales lleva implícita una contratendencia. Como reza una vieja fórmula, tan certera como injustamente olvidada hoy, ella necesita sacar a los hombres de su existencia empírica puramente local para colocarlos en una relación de intercambio universal entre ellos, lo que instituye a individuos histórico-universales, empíricamente universales. Es decir, no puede evitar el provocar un desarrollo de la subjetividad humana, de sus potencialidades, exigencias, aspiraciones, etc. El proceso de modernización capitalista, para mantener la reproducción ampliada del valor, tiene que generar una reproducción ampliada de la subjetividad humana, a la vez que tiene constantemente que intentar aprisionar a la misma y encauzarla por el estrecho carril de la realización de la mercancía. La sempiterna realización de este trabajo de Sísifo explica el carácter ambivalente del despliegue de la modernidad. Si nos libramos de las visiones euro- y androcéntricas, veremos como estos dos siglos han sido testigos también de procesos vinculados al desarrollo de la conciencia de si de los pueblos y grupos sociales tradicionalmente reprimidos y marginados.
La idea de progreso es demasiado importante como para ser simplemente abandonada (Sztompka:57). Su aceptación tiene que ver con algo tan significativo como el reconocimiento del carácter agencial del hombre, de su papel como sujeto. Cuando surgió, esta idea era expresión de tres momentos: inconformidad con el presente, creencia en su carácter histórico (y por ende perfectible), y confianza en la potencialidad del ser humano para dirigir ese cambio. No podemos renunciar a nada de ello.
Por eso es preciso abandonar la representación tradicional e “instrumental” del progreso, basada en una concepción cosificada de las relaciones sociales, y abrirle paso a una interpretación que por necesidad ha de ser “relacional”.  El avance de la sociedad ha de medirse no por el crecimiento de la densidad reificada de instrumentos de dominación, sino por la diversidad creciente de las relaciones establecidas por los hombres con su medio (el que, por supuesto, incluye a los demás hombres), por el desarrollo ampliado de necesidades vinculadas no a la realización de un objeto que implica la negación y supresión de toda individualidad y de toda originalidad (la plusvalía), sino de necesidades que impliquen el enriquecimiento multilateral de la subjetividad humana.
La noción de progreso también implica la exigencia de una mirada crítica al presente como algo perfectible. Se trata de un concepto valorativo, que implica juzgar al presente. Valorar, a su vez, trae aparejado la necesidad de resolver una cuestión inicial: desde dónde se realiza esa crítica, desde dónde se evalúa lo que existe. Es la cuestión del Standpunkt de la valoración crítica. Existe una posición posible: valorarlo desde un “deber ser” apriorístico, especulativo, voluntarista. Son las posiciones de la razón utópica, tanto de derecha como de izquierda. Las del romanticismo y los fundamentalismos. Las limitaciones de este enfoque son conocidas. Pero existe otra posición: valorar al presente desde él mismo. Ello no implica “presentismo”, realismo chato. No se trata de entenderlo desde la absolutización de su apariencia empírica, sino desde la comprensión de la contradictoriedad de su esencia. Entender a la sociedad como resultado y producto de la actividad humana, plasmación por tanto de sus potencialidades positivas así como de las negativas. Por otra parte, no situándose fuera de ella, sino dentro de esa realidad. Pero a la vez buscando un punto de alteridad que permita sustraerse a la fuerza manipuladora y condicionante de la reproducción de lo existente, a la fuerza de absorción de la razón instrumental. Identificando aquellas fuerzas sociales que son producto de esta realidad, pero que a la vez son oprimidas y ocluídas por ella.
Esto implica una consideración teórica: asumir el carácter contradictorio de la modernidad, su ambivalencia. Remontar la unilateralidad del diagnóstico weberiano de la modernidad como sistema homogéneo, caja férrea que no presenta ninguna salida a la racionalización total. Entender la existencia en lucha de varias racionalidades, de signo contrario. Y apostar por la posibilidad de promover, con nuestra actividad, el predominio de la racionalidad liberadora.
El uso del concepto de progreso implica, por lo tanto, varios desafíos. De carácter tanto teórico como metodológico. Tareas a resolver por un pensamiento no instrumental, que sea capaz de pensarse a sí mismo para sustraerse al poder de la sistematización.  
2) Pensar el pensar.
El pensamiento es una forma de actividad espiritual que implica la producción de imágenes ideales, mediante los cuales los hombres intentan explicarse su realidad y a ellos mismos. El pensamiento puede ser lógico o mítico-religioso, según acuda a elementos inmanentes a la realidad para explicarla o a elementos trascendentes a ella. El pensamiento lógico intenta pasar de lo fenoménico a lo esencial, descubrir la legalidad interna de los procesos, sus regularidades de funcionamiento. Busca reproducir la racionalidad de la realidad mediante la producción de instrumentos ideales, los que funcionan como elementos mediadores a través de los cuales los hombres se relacionan entre si y con la realidad. Las relaciones que los hombres establecen entre si (relaciones intersubjetivas) y las relaciones que forjan con los objetos que los rodean (relaciones objetuales) están orgánicamente vinculadas.. No se las puede concebir por separado, como si unas se existieran independientes de las otras. Las relaciones entre los seres humanos son siempre relaciones mediadas por objetos (materiales o espirituales). Las relaciones intersubjetivas son a la vez también relaciones objetuales. Los hombres se relacionan con la realidad en la medida en que la transforman y la producen. Y al producir su realidad se producen a sí mismos. Crean no sólo las condiciones materiales de su existencia, sino también su subjetividad. Las relaciones sociales (intersubjetivas y objetuales) son relaciones de producción y apropiación de la realidad.  
El pensamiento es una forma de apropiación espiritual de la realidad. Es preciso detenerse en el significado del concepto de apropiación. Enrique Dussel llamó la atención a la necesidad de distinguir entre posesión (Besitz), propiedad (Eigentum) y apropiación (Aneignung). La “posesión” de un objeto es la relación efectiva de su uso. Es la relación efectivo-material con la cosa. La “propiedad” es el derecho o la capacidad subjetiva. La posesión es relación objetiva, la propiedad es relación subjetiva. En cambio, la “apropiación” es la síntesis objetivo-subjetiva (Dussel: 227). Es a partir de Feuerbach que este concepto pierde su connotación estrictamente jurídica y pasa a ser utilizado como categoría filosófica para entender la relación de interacción de los hombres con la realidad.
Entender la apropiación de la realidad por los seres humanos solo como dominación es tener en cuenta exclusivamente un aspecto de esa relación, verlo como un proceso unidireccional: el de la objetivación. Los hombres interactúan con su entorno en la medida y a la vez que interactúan entre sí. E interactúan con ella en la medida en que la producen y, al producirla, se producen a sí mismos. El concepto apropiación apunta a este proceso complejo de producción de la subjetividad humana. Al producir la realidad, el hombre se apropia de ella porque la incorpora a su ser. Su objetivación es a la vez la creación de su subjetividad (potencialidades, capacidades, valores, ideas, metas, estados de ánimo, etc.). La apropiación de la realidad es tanto material como espiritual. Al definir al pensamiento como una forma de apropiación espiritual de la realidad, se está llamando la atención a la necesidad de reflexionar la interacción entre objetivación y subjetivación. 
Kant abrió una nueva época en la filosofía al destacar la necesidad de que el pensamiento se piense a sí mismo. Fundó la teoría crítica al destacar la necesidad de reflexionar sobre las condiciones objetivas de la actividad pensante, y entender aquellas como inherentes a esta, y no como algo externo. A Hegel debemos no sólo la superación del apriorismo kantiano en la interpretación de ese condicionamiento y su afirmación del carácter histórico del mismo, sino también la fundamentación de la necesidad de comprender la totalidad de los modos de objetivación de los individuos para poder comprender las formas de su subjetividad (entre ellas, el pensamiento). Marx continuó el programa crítico al destacar al carácter no sólo histórico sino también social del condicionamiento objetivo de la actividad subjetiva. El pensamiento ha de ser crítico, ha de pensarse a sí mismo, lo que significa pensar sus condiciones de posibilidad. Y ello implica pensar la realidad social de la que es parte constituyente. Un pensar crítico busca descubrir los factores que condicionan el proceso de objetivación de los sujetos y sus formas de subjetividad. Es decir, los factores que condicionan el modo de apropiación (material y espiritual) de la realidad, y la interrelación entre estos.  
Pensar al pensamiento y pensar la realidad constituyen por lo tanto dos momentos de un mismo proceso. El pensamiento ha de ser autorreflexivo para captar su racionalidad, la cual a su vez está condicionada por la racionalidad de la realidad social de la que aquel es elemento constituyente. Pero en la realidad no existe una sola racionalidad, sino distintas racionalidades. Se ha de pensar como se relacionan estas racionalidades diversas, y cómo y por qué se articulan de un determinado modo que expresa la hegemonía de una sobre las demás. Pensarlas en sistema, en su interacción. Y ello a su vez exige evaluar esa interacción, establecer un criterio para juzgar las características y los efectos del modo específico en que esas racionalidades se articulan, en una relación de integración o de supeditación entre si.
El pensar crítico ha de ser también, en consecuencia, totalizador. Pero no sólo en el sentido hegeliano, de una reflexión que tome como principio la necesidad del análisis de las relaciones entre el todo y la parte, que apunte a trazar el mapa de la compleja interacción entre las distintas racionalidades presentes en una realidad, sino también totalizador en el sentido lukacsiano, de afirmar la interpenetración de lo objetivo y lo subjetivo, la dimensión subjetiva de la objetividad existente. Para romper el embrujo de las formas fetichistas de objetividad y desgarrar el velo de su coseidad, se precisa captar la inteligibilidad de un objeto partiendo de su función en la totalidad determinada en la cual funciona (Lukacs:47 y ss.).   
3) Un pensar progresista.
El carácter progresista de un pensamiento ha de medirse por el modo en que realiza su labor  de análisis crítico y totalizador. Por el modo en que piensa la realidad y su relación con esta. Y por la finalidad de su reflexión.
Entre otras implicaciones, esto significa también tener en cuenta el imperativo foucaltiano de pensar la relación saber/poder: cómo el poder condiciona al saber y al pensar. El propósito no puede ser la utopía de sacudirse ese condicionamiento, sino el de reflexionar sobre la legitimidad de ese poder específico en cuestión (Foucault:131). Si ese poder condiciona o no, posibilita o no, una apropiación humana de la realidad. El recurso al concepto de “humano” no implica la idea especulativa de retorno a una esencia prístina perdida, sino la concepción de una apropiación de la realidad puesta en función no de la reproducción de un objeto animado de una racionalidad hostil al hombre, sino del despliegue de su subjetividad. Aquí por “humana” se entiende liberadora. ¿Cómo evaluar ese modo de apropiación de la realidad que es causa y consecuencia del poder existente? La piedra de toque del carácter progresista de un pensamiento está en el modo en que piensa al poder y su relación con este.
Ya hemos visto que la modernidad significó, entre otras cosas, un cambio en la dinámica de la reproducción del poder. De la dialéctica de la conservación y el cambio. En las sociedades pre-modernas, para que se conservara el poder no podía cambiar nada. La más pequeña transformación implicaba el derrumbe de toda la pirámide social. El desarrollo de la modernización mercantilizante llevó a su forma extrema al gatopardismo. Si en aquella obra uno de sus personajes explicaba que “había que cambiar algo para que no cambiara nada”, ahora se puede afirmar que la divisa del poder parece rezar así: hay que cambiarlo todo para que no cambie nada. Pero ese “todo” encierra una excepción: la esencia misma de ese poder, cuya razón de ser está en el predominio de la forma mercancía. Los viejos objetos de poder, las antiguas representaciones cristalizadas en imágenes que preservaban la asimetría de las relaciones interhumanas (nación, raza, etnia, religión, tradición), pueden y han de ser arrumbadas ahora como trastos inservibles por un nuevo poder, que cifra el secreto de su conservación en su capacidad de incesante enmascaramiento y cambio fenoménico. Nuevas y más complejas formas de reificación de la realidad acompañan y tributan a la nueva dominación. El pensamiento progresista ha de ser descosificador. Ha de develar la peculiar dimensión cultural de la hegemonía del poder contemporáneo. Desde hace dos siglos, y en forma creciente, nos enfrentamos a los desafíos emanados de la capacidad de metamórfosis del poder. Nunca mejor empleada esa palabra. Mas allá de sus formas empíricas de presentarse, su esencia sigue inalterable.
Ni cualquier cambio es progresivo, ni cualquier conservación ha de entenderse como reaccionaria. Pero la constatación de esta situación no autoriza relativismos extremos. Hoy como ayer, el conservadurismo significa el deseo de preservar un modo (históricamente determinado) de existencia del poder y de apropiación de la realidad basado en la instrumentalización del individuo y en la asimetría de las relaciones interpersonales. Tampoco todo deseo de cambio y renovación es negativo. Por eso se equivocan quienes intentan enfrentar la creciente enajenación capitalista atrincherándose en el fundamentalismo de formas de enajenación pre-modernas, ellas también opresivas y emasculadoras del florecimiento de la subjetividad. Como ha demostrado la historia más reciente, al totalitarismo del mercado no se le puede enfrentar con el totalitarismo del Estado, la nación o la religión.
Un pensamiento progresista ha de ser contrahegemónico. No basta sólo con que busque formas de resistencia, sino que tiene que proponer alternativas válidas, por imaginativas y creadoras, en un mundo en el que el cambio no es una opción sino una exigencia. No adopta una actitud nihilista ante la modernidad o las aspiraciones ilustradas, sino que busca tomar como inspiración el carácter dialéctico de la experiencia de la modernidad y la Ilustración (Reyes Mate: 12). No rechaza su herencia, sino que pretende asumirla, invocando a la experiencia, asumiendo un sentido en la historia. No como teleología, sino como lucha, en la que se ha elaborado y acumulado un irrenunciable patrimonio común a todo hombre.
Pensamiento crítico, totalizador, descosificador, antihegemónico. Aristas distintas pero orgánicamente presupuestas que califican la voluntad de ser progresista en materia de pensamiento. Todo ello para indicar que ha de ser un pensamiento humanista y radical. O radicalmente humanista. Lo que tal vez no sea más que una redundancia, por aquello de que ser radical significa ir a la raíz, y la raíz es el hombre mismo. Pero una redundancia necesaria, pues al asumir la subjetividad como intersubjetividad, cifra su vocación progresista en una motivación liberadora, entendida esta como afán para descifrar las claves que promuevan la autoconstitución como sujetos de los individuos.
 
Bibliografía.
- Dussel, Enrique. La producción teórica de Marx. Siglo XXI editores, México, 1985.
- Foucault, Michel. Power/Knowledge. Pantheon Books, New York, 1980.
- Jameson, Fredric. “El marxismo realmente existente”, en: Revista Casa de Las Américas, nr. 211, abril-junio 1998, La Habana.
- Lukacs, Georg. Historia y conciencia de clase. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1971.
- Reyes Mate, Manuel. La razón de los vencidos. Editorial Anthropos, Madrid, 1991.
- Sztompka, Piotr. Sociología del cambio social. Alianza Editorial, Madrid, 1993.

- Touraine, Alain. Crítica de la Modernidad. Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 1993.

sábado, 6 de febrero de 2016

¿Es posible para la oposición lograr un cambio de gobierno? (I)


¿Es posible para la oposición lograr un cambio de gobierno? (I)

by PolitiKa UCAB
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Benigno Alarcón Deza– 5 de febrero de 2016
El pasado 6 de diciembre la oposición obtuvo un triunfo contundente en la elección de diputados a la Asamblea Legislativa, obteniendo los dos tercios necesarios para tener la mayoría calificada que le permite ejercer, sin necesidad de negociación con el partido de gobierno, las máximas competencias del poder legislativo, incluida la aprobación de leyes orgánicas, la reforma o enmienda constitucionales y la convocatoria a referéndums consultivos o revocatorios. Pero una consecuencia de esta elección, al menos tan importante como el haber obtenido esta mayoría calificada, es la materialización de un cambio en el balance político entre gobierno y oposición que hoy, tras 17 años de dominio hegemónico del partido de gobierno, se inclina a favor de la oposición, o al menos en contra del partido de gobierno, en lo que podría convertirse en un momento trascendente que marca el inicio de una transición.
Pero como la historia nos demuestra, una transición no siempre es hacia la democracia. Todo régimen híbrido, como el de Venezuela (verhttps://www.eiu.com/public/topical_report.aspx?campaignid=Democracy0115), se enfrenta, más tarde o más temprano, a perder su base político-electoral, al dilema entre permitir una transición política por la vía electoral o seguir controlando el poder, aún el apoyo político que le permitía ganar elecciones, a través de su mutación hacia un autoritarismo hegemónico que le permita estabilizarse en el poder por la fuerza.caricaturas-EDO-desalojo-Hugo-Chavez_NACIMA20160108_0148_19
Este dilema, entre autocratización y democratización, como hemos dicho en varios artículos  anteriores publicados en esta misma columna, termina por resolverse para el gobierno a través de un cálculo costo beneficio entre los costos de tolerar un cambio en el poder y los costos de la represión necesaria para mantenerse en el poder.
Tras la instalación de la nueva Asamblea Nacional, el pasado 5 de enero, todas las señales han apuntado hacia la intención gubernamental de autocratizarse, comenzando por la desincorporación de tres diputados de la oposición por orden del Tribunal Supremo de Justicia, hasta el discurso de Maduro en el Tribunal Supremo de Justicia el pasado sábado 30, en el que se hace un llamado a los magistrados para aislar institucionalmente a la Asamblea, al colocar al Poder Judicial, dominado hoy por el oficialismo, como un supra-poder que está por encima de la separación de poderes establecida en la Constitución, y que tendría la última palabra en relación a cualquier actuación de la Asamblea Nacional.
Es evidente que este aislamiento institucional será el principal obstáculo a vencer por la oposición para poder avanzar hacia cualquier salida institucional que permita el cambio de gobierno que la mayoría del país reclama hoy, y que podría convertirse en un clamor popular en la medida que la crisis económica, va materializándose en consecuencias microeconómicas mucho más dramáticas que las que ya vivimos hoy en día. El problema para la oposición es que ante el hecho del dominio oficialista en todas las instituciones del Estado el aislamiento institucional de la Asamblea Nacional no puede vencerse contando con la cooperación institucional que sería necesaria para cualquier salida institucional, valga la redundancia.
Es así como la oposición cometería un grave error permitiendo la judicialización del conflicto entre Asamblea Nacional y Ejecutivo, y necesitará trasladar el conflicto al único campo de batalla en donde tiene ventaja real hoy en día, o sea, al campo político, lo que implica poner el arbitraje en manos del soberano, tal como lo hiciese Chávez con la convocatoria inmediata a una Asamblea Constituyente, consciente de su aislamiento institucional al tomar la presidencia en 1999. En la medida que la oposición gana en el campo político se hace más probable el establecimiento de relaciones de cooperación con actores institucionales moderados que tienen poco que perder y mucho que ganar facilitando una transición pacífica mediante mecanismos institucionales.
Hoy en día la oposición se debate entre los diversos caminos posibles para cumplir con la promesa de cambio que le dio un triunfo contundente en la pasada elección legislativa: la salida progresiva a través de la elecciones a gobernadores, alcaldes y presidenciales de 2016, 2017 y 2018, respectivamente; el referéndum revocatorio; la reducción del período mediante una enmienda constitucional; la convocatoria a una Asamblea Constituyente, etc. Todas estas alternativas tienen sus pros y sus contras que deben ser considerados para tomar la mejor decisión posible, y aún así no estarán exentas de riesgos. Entre tales consideraciones cabe destacar: los altos niveles de legitimidad de la oposición tras haber ganado recientemente una elección, pero que pueden deteriorarse rápidamente en la medida que la situación del país se agrava y la oposición no sea capaz de decidir y dar respuesta oportuna a las demandas crecientes de cambio; el hecho de que hoy en día la oposición constituye la única alternativa visible al oficialismo; y el peligro de que se genere una situación de ingobernabilidad ante el rápido deterioro de la situación económica, lo que terminaría por poner el control en manos de los poderes fácticos.
chavismo-oposicionEl que la oposición logre materializar el cambio en el poder, o una transición como se le conoce en el lenguaje de la ciencia política, dependerá en buena parte de un buen manejo político de  su situación de aislamiento institucional y de la correcta sincronización entre los tiempos en que evoluciona la crisis y la respuesta política. En tal sentido, es esencial mantener la confrontación oposición - oficialismo en el terreno político, generando mecanismos que saquen el poder de decidir de las instituciones dominadas por el oficialismo y pongan el arbitraje en manos del elector, tal como Chávez hizo a través de una Asamblea Constituyente que permitió el desmontaje del todo el andamiaje institucional del Estado y le permitió tomar el control efectivo del poder. Sin embargo, es importante aclarar que con esta afirmación no trato de inclinar mi posición hacia la convocatoria a una Asamblea Constituyente, ya que la decisión sobre cuál es el mecanismos apropiado demanda un análisis de condiciones más complejo que escapa a alcance de este artículo. A todo evento, sí es posible llegar a algunas conclusiones, en el intento por responder a la pregunta que titula este trabajo: ¿Es posible para la oposición lograr un cambio de gobierno?
Si se trata entonces de construir una transición por los mecanismos establecidos en la Constitución, como la oposición ha afirmado en muchas oportunidades, y sobre lo cual pareciera existir hoy consenso a nivel de todo el liderazgo político, existen cinco variables en la literatura sobre democratización que Ángel Álvarez, Manuel Hidalgo Trenado y yo identificamos para un reciente artículo que escribimos juntos, y que podrían ayudarnos a responder a esta pregunta sobre la viabilidad de una transición decidida a través de elecciones en Venezuela: 1) Balance entre el costo de opresión y de tolerancia; 2) El nivel efectivo de integridad electoral; 3) El balance de poder entre el partido de gobierno y la oposición; 4) Las condiciones estructurales y específicamente, en este caso, la situación del petro-estado; y 5) La capacidad de influencia de actores internacionales clave respecto a la democratización.
N del E: El desarrollo de estas variables será expuesto en la segunda parte de este artículo, que publicaremos en la próxima Edición, la número 100 de nuestra revista